martes, 31 de enero de 2012

La soledad de algunos días pesa más

que la de algunos meses

aunque poco más

pero pesa tánto.


De Los días como hoy, Inédito.

lunes, 30 de enero de 2012

Carta de amor y otros demonios.

Como decirte,
creo que mis ojos están muy cansados,
ven,
han visto demasiado de todo.
Así que me callo,
retengo mi aliento
y cuando noto que estás cerca,
o eso quiero creer,
me acurruco,
me abandono
y repliego todos mis principios
en eso que llaman corazón.
Entonces empieza a dolerme el estómago,
los ovarios, el cerebro
y si pongo la mano sobre el pecho,
justo en el lado
de eso que decía corazón
oigo tu nombre.
Y me emociono,
a veces debo y tengo que retener el aliento
para no gritar
que no estoy de acuerdo con el mundo,
que te tendría que haber conocido antes,
de otra manera,
mi otro yo
vamos, que tendría que haberme dado la oportunidad
de ser
en lugar de quedar
solo en un intento.
Y sin más apareces tú,
de la nada,
con un juego polimorfo
que lo único que consigue es hacerme sentir
libre
cuando estoy contigo.
Es
por eso, yo creo
que te quiero,
tanto.
Es
por eso que
cuando me dices hace meses,
(perfectamente pudo ser un día como hoy)
que la escritura es mi estado
natural
me haces reír y pienso
que mi estado natural
es seducir con las palabras,
solo
que de un tiempo a esta parte,
te ha tocado a ti.
Y te gusta y a mí
me gusta que te guste.
Basta.
Los dos sabemos qué buscamos,
necesitamos que encajen los objetos de funcionamiento
simbólico
que nos hemos inventado,
tú (para mí) y yo (para ti).
Unos objetos que encajan
en el hueco de la escalera
por la que nos tiramos
cuando nos conocimos,
no para morir
sino para volar
cogidos de la mano.
Somos unos cínicos
pero nos encantamos,
como los encantadores de serpientes
encantan a la fiera
con mucha delicadeza,
con sencillez
con un beso lujurioso en la boca envenenada.
Por eso cada uno sabemos
cuál es la posición que tenemos que adoptar en escena.
Nos sabemos
responsables
del amor.



Poema publicado inicialmente en la sección cultural de la revista RondaSomontano.com

jueves, 26 de enero de 2012

Reseña de " Manifiestos Vanguardistas".

Reseña publicada en La Biblioteca Imaginaria, hoy mismito...


http://labibliotecaimaginaria.es/page10.php?post=1495

viernes, 20 de enero de 2012

Divinas palabras en papel

Ante las múltiples y sorprendentes peticiones

ya podéis tener en papel

cada uno de mis cuatro poemarios

Madrid

La teórica literatura

Todo mentira

y

Tercera persona.




Así, para saber cómo
me podéis enviar un mail a
elvi.ramos.rivera@gmail.com


Por lo demás,
mi blog queda en reposo
y os agradece, también lo hago yo, toda la atención
prestada.

Gracias, de corazón

Elvira

martes, 17 de enero de 2012

La luz a ti debida

Fuego es el mundo que se extingue y prende
para durar (fue siempre) eternamente.
José Emilio Pacheco.



Hay días en los que escribo

porque no me queda más remedio

como el de hoy.

Porque la luz se apaga

o porque la luz quema demasiado

o porque tengo miedo de perder la luz


y no encuentro

ni tus gafas

ni mis lentillas

ni en lugar en el que empecé

este poema sin ti.



Pero me como las ganas de llorar

por si resulta que alimentan

jueves, 12 de enero de 2012

Epílogo del libro mencionado anteriormente

“Hay ciudades que son fotografías nocturnas de ciudades.”

Luís García Montero





Las ciudades son conceptos creados por nosotros mismos, una invención, y eso es lo que han visto.
Nada es real más allá de lo que ustedes quieran que sea, sin embargo, la ciudad que han contemplado en estas fotografías no era Almería, sino la de las almas que la habitan, la de las personas que la conforman, la de las ilusiones que la mantienen viva.
Las personas que han visto no son personas, son componentes de la naturaleza que lo único que tienen diferente a ustedes es la habilidad para parecer lo que no son, o quizá no son tan diferentes…

No importa si la fotografía tiene una perspectiva u otra, no importa si sabemos dónde y cuándo se realizó, lo que de verdad ha adquirido importancia con su ayuda es que ustedes han llegado al final del viaje de Rubén García, o eso creen, porque ahora llega lo mejor.
Las oscuridades dejarán de serlo, los miedos del principio habrán desaparecido, y las capacidades que creían olvidadas, esas que les permite avanzar en la vida, se habrán visto reforzadas con sus miradas libres hacia estas imágenes.
No duden en volver a contemplarlas las veces que sea necesario, no duden en pensar que no lo han visto todo, porque así es.
Lo que en las fotografías de esta exposición ustedes no han podido ver es lo que llevan dentro, las emociones que les han producido, las ilusiones que han recuperado y sobre todo la nueva forma de mirar que, es posible, hayan adquirido.
Ha sido duro para quienes no estuvieran acostumbrados a mirar el cuerpo con la naturalidad con la que nos lo ha mostrado Rubén García, sin embargo no deben olvidar que, lo que se nos pretendía mostrar, no era solo el cuerpo humano, sino la naturaleza misma, de la que participamos todos.
Si no hubiera tenido la oportunidad de conocer a Rubén no habría podido saber que este juego de naturalezas que hace es el que él mismo tiene en su interior.
El que ve en cada uno de nosotros, porque el fotógrafo es aquel capaz de ver más allá de lo visible, y él lo ha hecho.
Es cierto que lo artístico de su trabajo nos hace pensar que ha sido mucho el tiempo que ha empleado en la ejecución de estas imágenes, pero precisamente por eso, es digno de admiración que, a pesar del tiempo que lleva colocar todos los elementos de una fotografía de estas características, siga manteniendo ese ápice de lucidez, de naturalidad, de limpieza contemplativa como ocurre en el caso del trabajo que hemos visto, mirado, sentido, disfrutado.
Él ha sido el maquinista de este viaje, ha colocado nuestra oscura soledad en el andén que ha querido, nos ha ayudado con el equipaje, y nos ha indicado con una sensibilidad inaudita que era posible ver la luz al final del túnel, pero si sabíamos mirarla.
Ha sido curiosa esta forma del artista de situarnos al otro lado de la ventana para poder observar a aquellos que han osado ser observados, aquellos que un día, como usted quizá hoy, se vieron llamados por la necesidad de verse en algún lugar lejano geográficamente a su origen, pero cercano íntimamente en su corazón.
Porque el tiempo pasa por cada uno de nosotros a la misma velocidad que sus miradas han pasado por estas fotografías, apenas sin darnos cuenta, y como en un jardín hemos ido regando las flores que más nos gustaban, mirando aquellas imágenes que más emociones nos transmitían, pero ahora ha llegado.
Ha llegado ese momento de ser sinceros con nosotros mismos y reconocernos en cualquiera de ellas y comprender que no importa el tiempo gastado, que lo que importa es cómo se haya empleado y en qué.
Esa es la idea que nos quiere transmitir Rubén García con su trabajo, que la vida está ahí esperando, aunque nosotros nos empeñemos en no mirarla de frente en algunas ocasiones.
Podemos cruzar esa ventana del tiempo o mirarla desde cualquiera de los puntos equidistantes a ella que encontremos en nuestro recorrido, podemos crearnos un personaje capaz de ejecutar a la perfección el papel para el que hayamos sido encomendados, pero lo importante es que después de todo, seamos conscientes de que la vida va en serio.
De que nuestra soledad en el mundo, no es más que otro de los papeles que a la perfección interpretamos si estamos regidos por alguien con un talento para la escena como Rubén.
Que la vida va en serio, uno lo empieza descubrir más tarde, pero si miramos las fotografías que tenemos en este catálogo veremos, que la vida va en serio, cada día, cada hora, cada instante en los que nos enfrentamos, no para luchar, sino para ver más allá de lo que aparentemente nos ofrece a cada uno de nosotros.
No hace falta que sigan leyendo, habrán comprendido que están ustedes mirándose en un espejo, que no hay más ciego que el que no quiere ver, que el arte no está sino allá donde nosotros lo encontramos.

Preámbulo del libro de fotografía " Rubén Martín: la tradición al desnudo".


“La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.”
Jorge Luis Borges




Probablemente, cuando Rubén cogió por primera vez una cámara fotográfica no pensó en ningún momento crear poesía con las fotos que hiciera con ella, pero así ha sido.
Cuando alguien a mí, que dicen que soy poeta, me pregunta dónde está la poesía, siempre suelo responder que en todas partes donde podamos verla…
A veces me olvido que no todo el mundo es capaz de ver la poesía en las cosas cotidianas, y por supuesto, nunca me había planteado que está en cada uno de nosotros.
Las fotos que pueden encontrar en este catálogo son eso, la poesía en nosotros mismos, reflejada con una delicadeza exquisita que nos transporta a mundos en los que todos, alguna vez o muchas, hemos estado, mundos de soledad en los que la luz se cuela por cualquier rendija.
No obstante, lo primero que deben hacer, me atrevo a pedírselo, es mirar sin ningún tipo de reproche, pudor o prejuicio estas fotos que tienen entre sus manos, y una vez miradas, aprendan a ver con la misma humildad con la que están hechas.
Fotos llenas de sentido vital, de pasión, que nos acercan a un mundo a veces olvidado como es la propia naturaleza, como es la sencillez en las cosas que nos rodean, pero sobre todo, un mundo capaz de llevarnos más allá de nuestros propios límites, allá donde el miedo a lo desconocido puede ser el miedo a nosotros mismos, como mucho.
No debemos tener temor a cruzar el paraíso de la luz, a elegir cualquiera de los caminos que Rubén nos propone, porque es tan fácil como cerrar los ojos e imaginarse ahí, sobre la roca, al otro lado de la ventana, sentado en una silla analizando cómo hemos podido llegar a conocer nuestros bajos fondos, nosotros, que siempre hemos luchado contra ellos.
¡No tengáis miedo!, solo somos nosotros en la piel de ellos, solo formamos parte de la imagen porque es cualquiera de nosotros.
Decía John Berger que hay muchos modos de ver en la vida, yo coincido con él, y hoy tiene ante usted uno de esos múltiples modos, el modo de mirarnos a nosotros mismos con la sinceridad y naturalidad necesaria como para ver lo que somos sin ninguna de nuestras máscaras cotidianas, y aún así, amarnos.
Quizá la oscuridad es donde mejor se ve la sombra, y eso es porque cerca debe haber una luz que la cree, la belleza es igual.
Y esa belleza, está en este catálogo sellada con cada página que pasamos para disfrutar de la siguiente.
No espere encontrar una pauta en las obras de Rubén García, no pida que todas las fotografías estén justificadas, no necesite saber qué significa cada una de ellas.
Simplemente continúe leyendo y verá como nada de esto realmente es necesario en un catálogo de estas características.
La fotografía no supone un robo del alma del protagonista, como antaño se creía, únicamente es una imagen más de las múltiples que los seres humanos tenemos para defendernos de nosotros mismos.
Debemos, les invito a ustedes a que así lo hagan, hacer honores a Susan Sontag cuando se refirió a la fotografía de la siguiente manera:
“La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma”.
No necesitan adquirir dotes interpretativas del texto, ni analizar críticamente la imagen que lo acompaña, solo se necesitan a sí mismos.
Busquen la ilusión de saberse especiales porque saben mirar, porque lo son.
Luchen a lo largo de este catálogo por mantener ese espíritu crítico y lleno de pasión que tienen los niños, esos, que aún no se asustan de nada más que de los otros, porque aún tienen claro que poseen el secreto.
No pierdan la capacidad de sorprenderse, por favor, no huyan de las emociones que puede invadirles el mirar de frente cualquiera de estas imágenes.
Y entonces, solo entonces entenderán la pasión por el arte, por cualquiera de las artes, escojan ustedes, me da igual.
En cualquiera de ellas encontrarán lo que Rubén ha sabido plasmar en estas fotos, que la vida puede estar llena de espinas, pero que eso la embellece, porque todo lo que está vivo duele.
La fotografía es el arte de crear más allá de las palabras, y estas fotografías que nos regala Rubén García se separan del lenguaje creando uno nuevo, una prolongación de nuestra capacidad de crear tan solo con el sujeto.
Anteponiéndolo a lo que es el instante, y proporcionando al que lo contempla uno nuevo, que se desarrolla solo para nuestros ojos.
Me atrevo a decir que ante ustedes tienen un Hopper de la fotografía, a la que llegó por casualidad y por causalidad.
La casualidad quiso que fuera una máquina fotográfica lo que alimentara la necesidad de respuestas de nuestro autor, y esa imperiosa necesidad de transmitir con imágenes lo que con palabras no podía fue lo que nos ha traído hoy esta exposición.
Como ven, un cúmulo de circunstancias encerradas en una maleta, en una estación de tren, la que ustedes pueden ver también en una de estas fotografías y desde la que ustedes se pueden trasladar donde quieran, donde necesiten…
Pueden ustedes esconderse en lo más profundo, agarrarse a una rama del árbol más cercano, o abrazar una roca como si nada pasara, como si la tempestad y la tormenta no pudiera con ustedes, pero no lo van a conseguir. No podrán quedar impunes al torbellino de emociones que las fotos de Rubén García les proporcionarán.
No lo duden, acérquense con cuidado, con toda la delicadeza del mundo, porque como dijo Herman Hesse, “ la belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla”.
Hasta pronto…… nos encontraremos en cualquier foto por ahí, en cualquier instante que acierte a compilar todo lo que somos, todo lo que sentimos, todo aquello que no podemos perder, nuestra esencia, esa que está escondida en estas imágenes, en nosotros mismos.

Reseña de "Micromegas. Zadig". De Voltaire


Título: Micromegas. Zadig
Autor: Voltaire
Traducción: Inés Bértolo
Editorial: Navona Editorial
Págs: 144
Precio: 9,50 €

Resulta curioso, en los tiempos que corren, que una editorial se preocupe por recuperar ciertos clásicos olvidados, poco leídos o directamente desconocidos. Sobre todo en estos malos tiempos para la lírica, donde quedan pocos que defendamos a capa y espada las humanidades por encima de todo.
Hace años, muchos, a los 16 años, cuando todo se ve de más colores que ahora, leí un
artículo de Muñoz Molina titulado Ilustración: mi palabra favorita. Entre otras cosas se podía leer: Me gusta la Ilustración porque es el tiempo en que por primera vez se definen los principios que han hecho algo más habitable el mundo, la época de la irreverencia intelectual frente a los poderes fósiles de la Iglesia, la monarquía y el feudalismo, cuando se empieza a afirmar que nada de lo establecido lo es por naturaleza, que las circunstancias y la ideas son construídas por la acción humana y pueden ser modificadas por ella.
Y por si quedaba alguna duda del colorido del artículo, muy a colación con el libro que acabo de leer, Micromegas.Zadig, de Voltaire, sentenciaba que Ilustración significa también una cierta actitud ante la vida y las cosas: la voluntad de no ser, sino de hacerse; la conciencia de que todo, hasta lo que parece más simple y trivial, es el resultado del aprendizaje y del empeño; de que el saber es la mejor defensa de la libertad, y de que no hay ni debe haber fronteras entre los seres humanos.
Micromegas nos recuerda eso y denuncia una mentira nada piadosa que es la única palabra que parece ser defendida hoy. Lo hace con mucho humor, claro, los hachazos, como diría mi abuela, si se dan con una sonrisa en los labios, como que duelen menos.
Este libro es un canto a la razón por encima de la fe, esa que dicen que mueve montañas, y que en ocasiones sí que las mueve, pero para que arrastren a los que estamos debajo. Será la razón la única que pueda salvar al hombre de sí mismo, de su ignorancia y de su alarde de ella.
Con un toque pícaro, y en determinadas páginas con los sentimientos a flor de piel nos va introduciendo en un mundo mágico donde Micromegas viaja de forma inesperada a la tierra y con sus gafas de aumento podrá conocer de cerca todo y a todos, y será ese contacto lo que le permitirá ver que la injusticia, la irracionalidad, la mentira y la falta de dignidad son los cuatro pilares básicos de una madre Tierra que necesita la lucidez como el comer, pero que los pocos que cuentan con ella, como diría el maestro de la pintura, sufren de monstruos. Ya sabemos que la razón es lo que provoca.
Y esta lucidez es la que tendrá el protagonista de la segunda parte del libro, Zadig, que tendrá que hacer frente a numerosas desdichas, desilusiones varias, y sobre todo a la pérdida de la esperanza ante todo lo que vive y sabe que se le avecina.
Decía Bernard Shaw, que no hay secreto mejor guardado que aquél que todos conocen,
pues bien: leed todos éste librito, mantened en secreto que lo habéis hecho, y simplemente actuad. Al fin y al cabo, la ilustración es una actitud ante la vida y las cosas, la que cada uno queramos tener o la que nos dejen. Nunca se sabe.
Curioso libro. Necesario libro. Esperanzador libro.


Elvira Ramos

martes, 10 de enero de 2012

En las ciudades que Armagedon olvidó.


En las ciudades que Armagedon olvidó...
... todo esto pasa después de ti...



Lo que ves y oyes:
- De camino a un amigo ves a Pipo "el payaso", sentado en un portal, su cartel dice que quiere ayuda y punto, yo pongo una coma y escribo en mi mente, que para seguir haciendo reir - Un abuelo recoge a su nieto en la parada del autobús, le pregunta qué tal el colegio y él le dice que tiene hambre, que si no le ha llevado nada, que quiere ir a casa a comer, que le deje en paz, vamos, que mal- Estoy hasta los huevos de que este hijoputa no me pase la pensión, pensará que me follo al dependiente del Zara-Habrá que hacer lo que esté en nuestra mano para sacar esto adelante-Si te llevas tres barras de pan de picos, la cuarta es gratis-Siempre vas con un libro en las manos, te van a comer, te dejo que voy al Corte Inglés, a ver qué encuentro-.

Lo que no quieres mirar y piensas:
- Perdone, no me he dado cuenta de que me estaba usted empujando- Quede tranquilo, aún no reparten sonrisas al primero que pulse el botón para cruzar el paso de peatones- No te da vergüenza gritar así a un niño pequeño para que deje de llorar- Si todos los que van de un lado a otro a la velocidad de la luz parasen un momento de repente, seguro que en China nacería una mariposa y de paso dejarían de agobiarme- Al próximo que me mire de arriba a abajo y ponga cara rara le saco la lengua- Cómo es posible que en una biblioteca te digan que no tienen las obras de Nicanor Parra porque el perfil de los lectores no lo requiere- Estoy un poco hasta las narices, pero podré vivir con ello.-




Lo que salva:

Las palabras de Aitor Saraiba del dibujo.

sábado, 7 de enero de 2012

Putas de Enero

A Patricia Lázaro y María Terrón, por hablar


"Si no fueras tan puta..."

Jaime G.

A veces no sabes
que quieres ser puta
hasta que te roban una chaqueta de cuero
de esas que te pones para ligar
el sábado por la noche
la de los viernes,
- como sabes que él no sale-
solo es de polipiel.

Si no fueras tan puta,
si pudieras decir a todos
lo que piensas
pagarías con una tarjeta robada
un pantalón dos tallas menos que la tuya,
un paquete de condones
- pinchados previamente-
y una par de velas perfumadas,
que huelan a jazmín,
como allí dónde más te gusta estar.

Así que,
al primero que te diga
quien se ha llevado tu queso
le invitas a cenar,
mientes con un poco de lo siempre
y para postre
le pones las sábanas de nácar...
compartes un cigarro
y le dices
que mañana tienes que ir a trabajar
que empiezan las rebajas
y que como él es un cliente VIP
le has dejado entrar un poco antes

jueves, 5 de enero de 2012

Seis letras

Poema encontrado en uno de los cuadernos de adolescencia, en el fondo de un baúl, por muy literario que parezca, mientras buscaba poemas para el recital del 2 de febrero en La Tertulia.


Cuándo,cómo
por qué
por que,puede,incluso
quizás
quizás,cansancio.

Vista,lucha,estima
estima,eres tú, mejor
tu vida.

Vida,piensas, sientes
escribes
escribes,y sigue presente
la unión de las palabras.

Palabras, describir
observar
observar, jugar, ganar
perder
perder, morir, volver
otra vez una vida.

Seis letras: yo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Enero

Hoy te echo tanto de menos
que si me hubiera acostado a las siete
te habría empezado a soñar
mucho antes.


Porque siento
que se me está
olvidando tu sonrisa,
que es como que te estás volviendo a ir
que no, que no te vayas.


Al fin y al cabo
todo no era mentira.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Pepa Mora

Cuando se bebe en compañía de amigos
de amigos de siempre
que han llegado ahora
uno no se emborracha
sino que adquiere lucidez.

Es gracioso esto de beber
cerveza por las esquinas
de los bares
fumar en las terrazas de
quien quieres
saber que la vida empieza ahora
no porque tú lo hayas elegido
sino porque al fin y al cabo
todo tiene una fecha de caducidad
y de comienzo.

Mientras tú hablas
de la deformidad de los
amores yo creo
que los amores
deforman lo que aún no se ha inventado
y así,
en el tiempo
analizamos poemas de Panero
y bebemos a a salud de cada uno de nosotros
que hemos aprendido a querer
de forma gratuita
sin apenas intentarlo
sin apenas quererlo
sin apenas probarlo.

Ay, bendito lenguaje
cómo me permite decirte que
sigo queriéndote
de forma gratuita,
así, sin más.
escuchando tus palabras sobre mí.
sin apenas mirarme a la cara
sin decirme que todo lo que ves
pasa por un encefalograma plano
que busca ser otra persona que en realidad
no es sino la única manera de salvarte.

martes, 22 de noviembre de 2011

Reseña de " Una novela francesa".


Título: Una novela francesa
Autor: Frédéric Beigbeder
Traducción: Francesc Rovira
Editorial: Anagrama
Págs: 224
Precio: 18,50 €

Cuando a una el destino le pone entre las manos un libro como el de Beigbeder no puede
menos que dar gracias al dios de las letras, que siempre me pone en evidencia conmigo
misma.
La lectura de este libro es una clase magistral sobre los juegos de la memoria y nuestra
incapacidad para ver nuestros errores como propios y no como de todos los demás.
Este es un libro cartográfico, un mapa de sentimientos y emociones que todos alguna vez
hemos tenido.
No estoy segura, y tras leer este libro menos, de que mis recuerdos de infancia sean tales, y
no invenciones mías que decoran la realidad o la tapan con telas de colores. Temo que sea
así.
Yo no he necesitado que me metan en la cárcel, como al autor del libro, para poner mis
recuerdos en orden así como mis ideas sobre el presente y de cara al futuro. No he pasado
por el divorcio de unos padres, ni por el encumbramiento de un hermano justo cuando yo
peor lo estaba pasando. Pero sé lo que significa que las cosas no vayan como esperabas, que
los caminos que tú recordabas seguros estén rodeados de arenas movedizas.
Con la lectura de este libro echamos la vista atrás también en nuestras vidas, como el autor,
y no nos va a gustar lo que vayamos descubriendo. Porque la honestidad es siempre la
mejor compañera para con los demás, pero cuánto nos cuesta emplearla en nosotros
mismos.
La naturaleza humana es así, derrochadora de imaginación cuando se trata de ponerse ella
misma en orden. Da igual proceder de una familia pobre o rica, tener un empleo estable o
no, ser una persona liberal o seguir empeñado en quitar la libertad a otros, de nada sirve
cuando la vida se sienta frente a ti en una celda fría y oscura y te dice que ha llegado el
momento de rendirte cuentas a ti mismo, que como sé por propia experiencia, es mucho
más difícil que rendírselas a otro.
Porque a pesar de vivir en una sociedad que nos protege de nosotros mismos a base de
leyes, órdenes, decretos, prohibiciones y sistemas judiciales que ni son sistemas ni en
ocasiones juzgan, el ser humano necesita saber cómo es. Por eso desde pequeño se salta las
normas, las acata según le convenga, inventa una vida y destruye la que ya tiene.
Necesita comprender cómo ha llegado a donde está. Y para ello, nuestro autor repasa, y uso
repasa en el sentido de que no dejara títere con cabeza, la Francia de hoy retrocediendo para
ello a su infancia entre algodones, en dos familias adineradas, con viajes y atenciones
dignas de un niño bien, como él mismo se define en esta novela autobiográfica y
demoledora.
Somos lo que siempre hemos sido, y ya desde pequeños estamos llamados a la suerte o la
desgracia, todo depende de los recuerdos que elijamos como reales, de las acciones que
neguemos haber realizado y de cómo nos enfrentemos a nosotros mismos cuando sea
necesario.
Porque "es difícil reponerse de una infancia infeliz, pero puede resultar imposible
reponerse de una infancia protegida". Así que lo único que no debemos olvidar, a pesar de
los errores que tengamos apuntados en la lista de "pendientes de cometer", es el amor, en
cualquier acepción de la palabra, porque "es un electrochoque que resucita el recuerdo".
Eso es lo único que puede salvarnos, aquí no hay ley que valga, ni condena ejemplarizante,
lo único que tenemos que aceptar es la frase de Wilde, aquella sentencia que decía que es
imposible volver buenas a las personas por decreto parlamentario.
Porque con cerrar los ojos a lo real no basta, nuestros recuerdos no se borrarán con nuestra
intención de dejar de tenerlos en la memoria.
Valiente propuesta la que nos ha hecho Frédéric Beigbeder con esta novela de su vida,
soez, en unas ocasiones, lírica en otras, con algunas páginas de esas que formarían un libro
maravilloso junto a las de otros tantos libros. Un libro que cierra mentiras y que abre otras
nuevas, pero esta vez, bajo la batuta de la conciencia humana. Estrepitosamente doloroso
cuando nos hace ver que todos somos protagonistas de una novela, que la literatura es
ficción, que en ocasiones preferiríamos vivir la vida según los capítulos de nuestros libros
más amados, que sobre todas las cosas, la literatura y los libros son la única manera de
hablar a aquellos que somos incapaces de hablar. Por cierto, esta última frase, también la
podéis leer, más o menos, en este libro de vida.
Elvira Ramos

jueves, 17 de noviembre de 2011


Título: Las experiencias del deseo. Eros y misos
Autor: Jesús Ferrero
Editorial: Anagrama
Págs: 224
Precio: 17 €

Decía Luis Cernuda en Los placeres prohibidos: "No decía palabras, acercaba tan sólo un
cuerpo interrogante, porque ignoraba que el deseo es una pregunta, cuya respuesta no
existe, una hora cuya rama no existe, un mundo cuyo cielo no existe".
La primera vez que supe que el deseo era objeto de estudio filosófico fue en una clase de la
facultad, cuando Deleuze y Guattari llegaron a mi en forma de rizoma y me llenaron la
cabeza de ideas provocadoramente excitantes. Ahí supe que el deseo es algo igual para
todos, pero que lo que nos diferencia es lo que hemos seleccionado como objeto deseado.
Los conceptos de la disciplina son extraños, por lo menos a mí me lo parecen en muchas
ocasiones, y consiguen disuadir mi curiosidad cuando no encuentro una explicación
aceptable.
De hecho, la misma filosofía de Deleuze es un claro ejemplo de lo que significa dejar
perplejo a quien te lee.
A veces la filosofía y determinados conceptos pueden parecer escritos en lenguas
extranjeras, pero si están explicados por artistas de la palabra, como es Jesús Ferrero, todo
queda en un placer más, en un objeto de deseo más, en un libro más, como este que te llena
de experiencias de alto voltaje porque se acerca a lo más íntimo de cada uno de nosotros,
aquello que más deseamos, comprender lo que somos, sí, lo que somos, porque si
entendemos eso, sabremos quienes llegaremos a ser.
El deseo forma parte de nuestra vida, una vida que es, exactamente la vorágine en la que
estamos metidos, un flujo, una corriente; no es más que el inevitable deseo de seguir hacia
adelante.
Nuestro deseo es inmanente, es a la vez valentía y miedo, es vida y muerte. Es lo que nos
mantiene alerta de nosotros mismos, lo que nos puede hacer ver lo que realmente somos,
justo, es aquello que nos hace aprisionarnos a la vida sin más remedio. El único límite del
deseo es el deseo mismo.
El deseo al que nos abrazamos en este libro es el mismo ser humano. Sus miserias y luces,
el todo y la nada, supone querer lo inalcanzable de manera imposible y a pesar de ello
existir. Es saber que convive con nosotros y que tenemos una mínima posibilidad de
vencerlo, y precisamente eso le da aún más fuerza, consigue aún, que lo deseemos más.
Pero no podemos pensar que el deseo en sí mismo es algo puro, no es así. Se trata de una
fantasía literaria construida por nosotros mismos al mencionarlo.
Porque todo lo que escribimos, todo lo que deseamos, lo hacemos para eso, para existir
aunque sea por un segundo, en alguna parte, aún si para existir nos tienen que escribir.
¿Es posible que una palabra represente nuestro deseo más profundo? Si nos remitimos a
Vernant, sí: la creación de un vocabulario de deseo es solidaria a la idea de sujeto humano
como agente de las acciones de las que se responsabiliza.
Es posible que nuestra vida gire en torno a encontrar una adecuada representación del
deseo, como ya lo hacía Platón como, más cercano a nosotros, lo hizo Lacan en Los cuatro
conceptos fundamentales del psicoanálisis
, cuando nos hace ver que, en el momento en el
que escogemos la palabra "désir ", nos estamos remitiendo a una mezcla de las teorías de
Freud y Hegel.
Es muy probable que nuestros deseos, más allá de Eros y Misos, sea una mezcla de nuestra
incapacidad para ser sinceros con lo que somos. Como decía Derrida, "el pensamiento es un
alma cuyo cuerpo es la lengua" y eso nos lleva a pensar que el deseo es el lenguaje en sí
mismo. Según eso, cuando aprendemos a desear, alteramos nuestras percepciones para que
todo lo que deseamos se parezca lo más posible a aquello que finalmente obtenemos,
porque la relación entre el deseo y la alteralidad nos traslada a infinidad de definiciones
relacionadas con el rizoma de Deleuze, aquel en el que nos introducimos sin apenas darnos
cuenta, cuando por fin, asumimos lo que estamos deseando, que no es otra cosa que a
nosotros mismos.
Pero a veces no es suficiente con saber qué deseamos, sino que necesitamos una imagen de
nuestro deseo. Eso es lo que nos ayuda a hacer Jesús Ferrero, esas son las experiencias que
nos llevan al lugar en el que mejor nos movemos, aquel donde más libertad encontramos,
pero poco a poco, porque hasta que no terminamos el libro, no entendemos la palabra. Al
fin y al cabo, como decía otro de los maestros de nuestro autor, no todos los días se puede
encontrar lo que está hecho para darnos la imagen de lo que deseamos.
Elvira Ramos

viernes, 11 de noviembre de 2011

Monamour


Quiero hacer el amor contigo
al calor del fuego
de la chimenea
en una buhardilla de París,
aunque mirar el cielo de Madrid,
quizá también me vale.

Quiero hacer el amor contigo
escuchando el Bolero de Ravel
y fumar después del mismo cigarro
y que te pongas mi camisa

Que cuando nos entre hambre
más todavía
y bajemos a comprar
a la tienda de la esquina
los vecinos nos aplaudan en el portal
y tengamos que volver
a repetirlo.

Quiero hacer el amor contigo
cuando tú quieras.

Pero no me llames al móvil
hay días que no soy yo
quien responde
y lo mismo
lo mismo
te enfadas
y tengo que buscar un
secundario.

jueves, 10 de noviembre de 2011

RESEÑA DE " TINTA".


Título: Tinta
Autor: Fernando Trías de Bes
Editorial: Seix Barral
Págs: 160
Precio: 16 € / 10,99 € (Ebook)

La primera vez que me acerqué a Confesiones, lo hice de mala gana. No encontraba, a primera vista, nada que me impulsara a leer a San Agustín, sino más bien lo contrario.
Un amigo me dijo una vez que la ignorancia es gratuita y cierto es, y con el tiempo releí las Confesiones y encontré el motivo, ese mismo motivo que desde que enfermé de libros he ido encontrando casi en todos ellos.
Fue en Milán, si mis conocimientos de historia no me fallan, casi en el siglo V, cuando San Agustín se encontró con el Obispo Ambrosio justo en el momento en el que el arte escrito se creaba como hecho artístico y cuando la palabra escrita adquirió preeminencia en relación a la palabra hablada.
En Confesiones podemos encontrar la frase siguiente: “Cuando Ambrosio leía,
sus ojos recorrían las páginas, y su corazón penetraba el sentido, sin decir palabra ni mover su lengua. Muchas veces –pues a nadie se le prohibía entrar ni había costumbre de avisarle quién venía– le vimos leer calladamente y nunca de otro modo, y estando largo rato sentado en silencio, me largaba, conjeturando que aquel poco tiempo que se concedía para reparar su espíritu, libre del tumulto de los negocios ajenos, no quería se lo ocupasen en otra cosa, leyendo mentalmente, quizá por si alguno de los oyentes, atento a la lectura,hallara algún pasaje oscuro en el autor que leía y exigiese se lo explicara”
.
Sabemos que la manera de preservar la palabra escrita ha ido evolucionando con el paso del tiempo, de las tabletas de arcilla o pizarra, a la madera, la cerámica y los rollos de papiro.
Sin embargo, no sería hasta el primer milenio cuando se empezara a utilizar el códice y el pergamino. Más adelante, en China se inventaría el papel que una vez en el mundo árabe y en Occidente, sería la base de la producción de libros que inició Gutenberg en el siglo XV.
La escritura perdura en las palabras y estas en nuestros corazones. Podríamos decir que las palabras que escribimos son las que nos hacen seguir vivos.
Todos hemos oído alguna vez la manida frase que evoca al viento como un ladrón de palabras, pero no creo que sea así.
Me gusta pensar que el viento lo que hace es que las palabras que nosotros no necesitamos las lleva a otros lugares donde alguien aún no ha encontrado la manera de decirle a otro alguien un “te quiero”. Las palabras son nuestros motivos. Como lo son para los protagonistas de Tinta, esta novela hermosa que se lee con pesadez en el alma a medida que uno se da cuenta de que las páginas que tienes en la mano derecha cada vez son menos en comparación con las que han quedado en el lado izquierdo.
Y vas guardando las palabras en el alma, y buscando, como ahora dónde esconderlas.
En Tinta, encontramos las palabras, deliciosa y literariamente ensambladas para que la historia empiece y termine con una perfección de diccionario, es una obra de arte y como tal tiene esa capacidad de no dejar indiferente a nadie de los que la hayamos leído.
En su novela, Fernando Trías de Bes actúa como intermediario entre un librero, un
matemático, un impresor, un editor y un corrector para que todos ellos compartan su
angustia existencial, la misma que les ha llevado a publicar el LIBRO. Un libro, escrito en mayúsculas.Será el azar, el que siempre consigue las mejores cosas, el que aporte su granito de arena, para que todas las sinrazones de nuestros protagonistas pasen a un segundo plano, si te tiene un motivo entre manos.
No creo que sea nada fácil conseguir que una historia sencilla, narrada casi como un
cuento, contenga un artefacto artístico perfecto que permita que el lector llegue al nivel de lectura que más desee o para el que cada uno esté preparado. Esto es lo bueno que tiene Tinta, que establece un vínculo con el lector que ambos necesitan para seguir existiendo,
porque sin ellos la máquina literaria no existiría.
En teoría literaria lo primero que se defiende es que el significado de una obra literaria depende tanto del que la ha escrito como del que la lee, y lo que hace Fernando Trías es regalarnos un cuento como Tinta, para que todos podamos comprender esta idea. Este es el poder asombroso de la literatura, por esto leo y por esto me dedico a ella. Porque siempre he encontrado en los libros aquello que necesitaba encontrar, siempre he sabido lo que me querían decir, y sobre todo, siempre he encontrado las razones para seguir queriendo que las palabras sean mi razón de vida.
Elvira Ramos

sábado, 5 de noviembre de 2011

Cinexin




Cuando no sabía hacia dónde mirar
"Popeye niñera" me guiñó un ojo
y en secreto me dijo
¡ Tienes que comer más espinacas,
tendrás más fuerza para querer!

Al día siguiente,
"Donald y las ardillas"
se quedaron pasmados
cuando nos vieron
hacer el amor
a través de la pantalla.

Voy a probar a hacerlas
con piñones, lo mismo
la próxima vez, duramos más tiempo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La parcela de Dios. Navona Editorial.



Título: La parcela de Dios
Autor: Erskine Caldwell
Traducción: Vicente Campos
Editorial: Navona Editorial
Págs: 248
Precio: 12,50 €





Alguien nos ha jugado una mala pasada. Dios nos puso en cuerpos de animales, pero quiso que nos comportásemos como personas. (…) Cuando uno toma a una mujer o a un hombre e intenta quedárselo sólo para él, no va a encontrar más que problemas y dolor el resto de sus días.”1

Desde que se publicó por vez primera en 1933, "La parcela de Dios", ha sido uno de los libros más leídos y polémicos en Estados Unidos, hasta el punto de que no pasó
la censura y se retiró de librerías por considerarlo inmoral y antisistema, llegando incluso a confiscarse por orden judicial las ediciones hasta entonces publicadas.
Y no es para menos en un país como Estados Unidos.
Hablamos de la historia de una familia sureña durante los años 20, corroída por la
asfixiante sociedad en la que vive. Emparentada directamente con libros
como “Las uvas de la ira", mezcla el lirismo de la literatura sureña con
altas dosis de sensualidad y de humor negro.
El padre considera a Dios un miembro más de su núcleo familiar hasta el punto de que a la hora de repartir las tierras le deja una parte de éstas, de ahí el título de la novela.
Podría definirse con aquella frase en "Las palmeras salvajes" de William Faulkner:
Entre el dolor y la nada, elijo el dolor.” Sin embargo, ni Dios puede evitar que la falta
de ingresos y la destrucción de la cosecha haga que la familia entre de lleno en una
espiral de dolor y traición. Un ciclo que servirá para sacar a la luz las pulsiones
sexuales guardadas durante años por algunos de los protagonistas, y que los inducirán a cometer acciones de dudosa clasificación moral.
Un novela llena de frases memorables como la que introduce estas líneas, que nos
llevan a pensar en lo peor de la condición humana. Cuestionando nuestra moralidad en
condiciones extraordinarias, tanto para bien como para mal, y sobre todo, introduciéndonos en el mundo en el que todos hemos podido estar en alguna ocasión, aquel en el que nuestro lado oscuro está a punto de salir.
El autor lo sabe, y por eso nos da la oportunidad de ver a los personajes con una
naturalidad pasmosa, un realismo tal, libre de juicios, que puede incluso llegar a asustar la sinceridad que muestra a la hora de analizar actitudes como el machismo, el racismo, la injusticia social, y sobre todo la libertada individual vista como “capricho” innegable de todos y cada uno de los protagonistas de la novela.
Circunstancias todas ellas que nos trasladan a una época lejana y cercana sobre todo en actitudes humanas que no han evolucionado tan rápido como ha pasado el tiempo desde
su primera publicación. Los humanos seguimos moviéndonos por el deseo, de hecho,
Aristóteles ya decía que era la única fuerza motriz del ser humano.
Hagamos caso al Estagirita, mantengamos el deseo como único camino hacia nuestra
libertad, pero con cuidado, no olvidemos que la libertad tiene un precio y que todos
tenemos que pagar por ella. Todos.
Para los cinéfilos del cine clásico, las obras de Caldwell: El bastardo ( 1929), El camino del tabaco (1932) y La parcela de Dios ( 1933) fueron llevadas al cine por John Ford y Anthony Mann, guardando una fidelidad asombrosa con la obra original, algo a lo que no estamos acostumbrados, así que os recomiendo encarecidamente que las visionéis , porque no os defraudarán, como no lo hará este libro ni su autor, Erskine Cadwell, del que Ezra Pound dijo que era uno de los cinco mejores narradores de la literatura norteamericana.
1
Erskine Caldwell, La parcela de Dios (God's Little Acre, 1933), 2008, Navona. Pág 241

lunes, 31 de octubre de 2011

p.m.

Esta noche
hemos tenido un sexo salvaje
y por eso
estás tan sofocada.

Ya sabes
hoy en el mismo sitio
a la misma hora.

Si te acuerdas,
te traes eso.

Te espero.