domingo, 22 de febrero de 2015

Útero: la consciencia del vómito.




"... Vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como charco de culpa, en la mirada".
César Vallejo.

El trabajo de Abel Azcona rezuma dignidad, necesidad de hacer y de ser, de supervivencia. Sus bases acumulan la posibilidad de crítica a conceptos como el amor puro, el honor familiar, la piedad, el agradecimiento y el respeto, sobre todo, una crítica a lo que cada uno de nosotros considera respeto.
Se trata de un proceso de duelo ininterrumpido, la entrega del corazón de la res que entra por sí misma al matadero.
Es la voluntad de sufrir en ti para no hacer sufrir a otros. Un llanto no por el abandono, sino por la imposibilidad de enfrentarse a él.
"Útero" es el velatorio de lo no nombrado, por que no es que la destrucción sea el origen de uno mismo, sino que nuestro único origen es la destrucción, si no, de qué  el llanto y la sangre presentes en todo alumbramiento... La pena es que no todos pueden ver la luz, cuando es ella quien quema.
Mi primer contacto con Abel Azcona en una ciudad inhóspita y mentirosa como es Madrid, que parece estar siempre queriéndote convencer de que algo increíble va a pasar ese mismo día y luego nunca pasa nada, es sincero y visceral.
Y no puedo evitar una punzada en el estómago cuando compruebo que su lenguaje corporal expresa lo mismo que su mirada y sus palabras. Hay tanta necesidad  de congruencia en estos tiempos, que cuando me encuentro ante un desbocado chorro de ella, me aferro hasta desgarrar mi piel, porque duele, pero en ese mismo instante corroboro que ha empezado a suturar mi herida de la jornada, para siempre.
Porque en "Útero", el cuerpo de Abel Azcona adquiere un estado de conciencia en el que cada vez pesa más la indiferencia que ha vivido durante su infancia, y el rechazo que habitó en él una vez, un profundo vacío atraviesa la movilidad de su cuerpo orgánico y pasa a tener un nuevo estado vital, la inercia.
El impulso del corazón que casi se escucha y la hiperventilación que se percibe en las distancias cortas, conforman la intimidad mental de la que te hace participe y que apenas te permite seguir respirando.
Para mí, lo importante de esta performance, es que el pensamiento se expone de manera visceral, y que Abel defiende su identidad por medio de la experiencia corporal.  En Espacio e Identidad encontramos algo que proporciona el arte actual, espacios de energías libres que hacen de sí  mismos un cuerpo, un útero, donde Abel, por fin, desata su furia contra sí mismo y como ocurre con Beckett, el goce del que el espectador disfruta, aparece a la vez que la propia decepción del sujeto y del sentido.
No es, “Útero”, sino un rito perfectamente defendible como práctica social, y Abel se convierte en un chamán al servicio de la audiencia, y en algunos momentos me recuerda a la tan manida iconografía religiosa enfrentada a elementos paganos, nada lejana de una identidad a partir de comportamientos que para algunos son considerados masoquistas.
Sin embargo, la corporeidad del trabajo de Abel conlleva, para mí, la unificación de las categorías que conforman la existencia humana, lo social, lo psicológico, lo biológico y lo cultural. Y como decía Duchamp, en la performance de “Útero”, el público que asiste establece contacto entre la obra y el mundo exterior, y permite descifrar e interpretar con profundas calificaciones cuánto y qué aporta al proceso creativo global.
Tengo la sensación de que el “yo” que ata la soga al cuello de Abel termina en “mí”, y que, a pesar de que somos un cuerpo que habla con la voz, también somos un cuerpo con derecho a exclamar de dolor cuando no puede más, o cuando no se permite salir a esa voz.
Es la obra de Abel Azcona abierta, una pieza que no ofrece soluciones, sino que plantea enigmas a los que la contemplamos, y todo ello, con la exigencia personal por parte del artista, de una experiencia artística y estética de lo semiótico hacia lo performativo. El espectador se ve obligado al acontecimiento de la obra que hace temblar por momentos sus cimientos emocionales e incluso, en ocasiones, morales.
Pero nada sería ya en nosotros, sin este despertar brusco que supone asistir a una performance de Azcona, y en nuestro individualismo queda la libertad de elegir si queremos seguir soñando o preferimos mancharnos de barro y construir con nuestras propias manos, los nuevos cimientos del arte social, urbano, político, humano, al fin y al cabo.

Notas sobre "Sinless", acto performativo de Abel Azcona

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“La libertad se afirma en contra de la sujeción. Primero reconocer el mundo, lo utilitario, la previsión del futuro: las prohibiciones morales, luego, transgredirlas”.
                                                                            “ Diarios”, Alejandra Pizarnik.


La pureza de sangre es lo mismo que la limpieza del alma. Hay que pagar un precio alto por mantenerlas. En esta vida todo tiene un precio, y todos pagamos.
La relación entre cuerpo y lenguaje es tan intrigante como la de la palabra y la cosa, la adhesión que crea entre la experiencia y el objeto.
El cuerpo  de Abel Azcona es el nexo entre su lenguaje y el nuestro, la mimesis en la que nos veremos envueltos en esta performance, me lleva a recordar las palabras de Walter Benjamin, “en todas las lenguas y en sus formas, además de lo transmisible, queda algo imposible de transmitir, algo que, según el contexto en que se encuentra, es simbolizante o simbolizado… no es sino el devenir del lenguaje propio”, pues bien, en esta inmaculada habitación en la que se encontrará usted, verá la belleza descarnada de alguien que ha ofrecido lo único que ha tenido siempre en propiedad, su cuerpo, al mejor postor, al más valiente, al más necesitado de cariño, al más morboso, al más inquieto, a cada uno de nosotros que al mirarnos en el espejo del baño, no veremos a Abel Azcona, sino a nosotros mismos, nuestro pecado original repetido una y otra vez hasta la saciedad, porque somos humanos y tropezamos siempre con la misma piedra.
La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos, en restregarse con estropajo  hasta herirse para limpiar los restos de la noche libidinosa anterior, en purificarse con el agua, que da igual en qué religión, siempre ha gozado del prestigio de limpieza, de iniciación a una nueva vida, de ser el medio por el cuál podemos gozar del instante privilegiado de una “nueva oportunidad”.
El verbo se hace carne y la mancha con la que nació Abel Azcona es una señal indeleble en su alma, y él ha hecho que cada una de sus heridas vitales también estén representadas en su cuerpo.
La noche siempre ha sido pasto de fantasmas, con ellos convive y de ellos se alimenta, y será de ellos, de quien  por la mañana se libere en un ritual, tras retozar entre los restos de los deseos no consumados de los participantes de  “Emphaty and Prostitution”.
¿Qué nos hace desear un cuerpo ajeno al nuestro?¿ Cuál es el momento en el que tendemos la mano al pasajero oscuro que coexiste en nosotros con la moral, la ética y la personalidad? Es más que probable, que lo que nos lleve hasta esta habitación de hotel no sea el nombre de Abel Azcona, ni el morbo de su cuerpo bajo una ducha helada. Afirmo que será la necesidad que todos tenemos de sentirnos limpios de aquello que nos atormenta, de aquello que nos hace sentirnos vulnerables.
La restitución del pecado cometido, la aceptación de un lenguaje propio del más común de los mortales hace que esta performance, “Sinless”, nos reconcilie con nosotros mismos, nos aporte claridad a la hora de comprender que no es malo querer mirar la “suciedad” de frente, lo banal del cuerpo y del deseo físico y emocional del otro, la búsqueda de la pérdida del control. Porque todos buscamos existir libremente aunque sea por un segundo. Y bajo el agua, Abel Azcona queda inmaculado y libre por fin de todo el peso nocturno de la transacción económica del día anterior.
Al fin y al cabo, todo gira en torno al deseo, el origen del trabajo performativo de este artista está en la consumación de un deseo carnal cuyos agentes fueron un desconocido y su madre biológica, por lo que, con la ejecución del deseo, nosotros y él no estamos sino siendo solidarios con la idea de sujeto humano agente de las acciones de las que se responsabiliza.
Cada “mancha” en nuestro corazón  hace mella en un tejido vivo, el cuerpo de Abel Azcona es el mayor ejemplo, de hecho, la mancha de un acto prostitutivo ha dejado una vida que no es sino de supervivencia ante el error social y personal ajeno a él.
Cada una de las acciones  son una llaga, un trauma, una cuchillada, un corte, una desolladura, un arañazo, una mutilación, la escisión o el corte entre lo que somos y lo que aparentamos.
Lo que consigue Abel Azcona bajo el agua es salir de sí mismo, desubicarse, disparar y proyectar-se excesivamente hacia nosotros, nos empuja al desorden y al capricho, cuestiona la máxima expresión de la libertad, reflejada en la consumación la noche anterior de un deseo ajeno, llevada al paroxismo, y a la vez reivindica el placer y la vida, el derecho a decidir “ser”, con todas las consecuencias o directamente  “no estar”.
Saldremos de esa habitación más maduros, viendo mucho más claramente que, el cuerpo, es el medio de obtención de vida y de muerte, que nuestras emociones a flor de piel al cruzar el umbral de la puerta de ese hotel no serán sino la muestra de que estar vivo tiene un precio y de que Abel Azcona lo está pagando con creces.
Sean bienvenidos, y disfruten de la estancia.

Texto curatorial de “Empathy and Prostitution", obra del artista Abel Azcona.

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Luis Cernuda decía que el deseo es algo cuya respuesta no existe. El dolor podría ser una de esas inexistentes respuestas, sobre todo el dolor de alguien que vive con el estigma de su origen como único hilo argumental de su vida.
Abel Azcona, consciente de que su vida, que no su trayectoria vital, fue un error consumado por madre prostituta y su progenitor desconocido, nos invita, en “Empathy and Prostitution” , a comprender que  los errores siempre son abonados aunque no necesariamente en primera persona.
La acción performativa a la que asistí, abrió y cerró un círculo de sexo a cambio de la “no soledad”, que sentimos todos en algún momento de nuestras vidas, y que es lo que considero, que  subsanan las prostitutas, a parte de con su cuerpo, con la compañía que proporcionan.
Además, me consta, que no siempre hay consumación física sexual, por tanto, se confirma mi teoría de que el sexo, no es sino un complemento más de todas las necesidades que cubren con su trabajo. Y de ahí, mi atrevimiento a dar un nuevo nombre a la “compañía femenina”, a la búsqueda del vínculo, con el propio  yo por medio de otro. El recibimiento que hacía el artista, no era sino un prólogo y epílogo del dolor de vivir marcado para siempre. La desnudez, tendida y limpia de simbolismo, con la que se presenta, como una pintura renacentista, muestra la fractura emocional que arrastra, que no es fiel reflejo de la fortaleza interior con la que consigue sobreponerse a  la mimetización materna que persigue inicialmente en su trabajo.
Y digo inicialmente, porque no es sino el punto de partida para obtener un profundo conocimiento de sí mismo y procurarse una medicina alternativa y propia, que ataque a la raíz de todas sus cuitas y dentelladas emocionales.
La deconstrucción de lo que somos  nos lleva a aceptar por qué lo somos y has adónde podremos llegar. A partir del enfrentamiento consigo mismo, Abel Azcona nos preparó para obtener de él lo único que podía objetivamente ofrecer sin perderse en el abismo: su cuerpo y el espacio en el que habitaba. La pulcritud con la que no recibía  en la cama es la metáfora de lo que podemos encontrar en esta sociedad hipócrita, que permite la comercialización del cuerpo de una mujer, pero no la libre disposición del mismo por su parte. Así autodefinido como “un error social”, el artista transmitía su más absoluto desprecio a aquellos que no sólo no cuidan de que esos errores no se cometan, sino que colaboran en su ejecución bien activamente o sucumbiendo al ingente interés económico que la prostitución mueve en casi todos los países.
Allí estaba todo, lo maravillosamente artístico de esta atrocidad en los ojos de Abel Azcona, que al mirar al participante de “Emphaty & Prostitution”, le mostraba el respeto por la acción que ejecutaba, fuera la que fuera; porque si algo tiene este artista, es la capacidad de hacerte sentir libre de culpa y juicio frente a todo que quieras enseñarle.
El terror que tiene a sentir en su interior el eco que toda emoción deja, le llevó a hacerlo a través de un intercambio económico simbólico, que le aportaba la justificación necesaria a la hora de recibir el roce de una mano, el calor de una boca en su cuello o una simple palabra susurrada al oído.
La acción que se desarrolló en esta habitación de hotel, no curó sus heridas, sino que hizo que algunas de las nuestras volviera a abrirse, y fue entonces cuando comprendimos que, de alguna manera, la imposibilidad de sentir que dice tener el artista, debido a su infancia llena de maltrato, abandono y soledad emocional,  ha sido causada por el no reconocimiento social de la soledad que todos sentimos y que, paradójicamente, nos lleva a la individualización y la desprotección frente a los errores ajenos.
La herencia de Abel Azcona es la postura de su madre, el vacío de su ausencia y la confirmación de ser quien es y reconocerse como tal. Lo que él no sabe, es que su nacimiento supuso la llegada de un mesías renovador, cuyo mensaje, a pesar de la violencia y oscuridad que esconde, es lúcido y próspero, para una sociedad siempre en lucha con sus necesidades básicas y sus moralidades…y que frente a la absoluta falta de amor, bien está su inteligencia.

domingo, 1 de febrero de 2015

Lo hemos dejado todo

                                                                             
                                                                             Hemos perdido juntos tanta nada
                                                                                                   que el hábito persiste y se da vuelta
                                                                                                   y ahora todo es ganancia de la nada.

 
                                                                                               Roberto Juarroz.


El día que deje de caer así la lluvia
volveremos a decirnos cosas bonitas al oído,
reconoceremos de nuevo el olor a pan
recién hecho,
abriremos los regalos con lágrimas en los ojos,
sabremos por qué nos quedamos
el uno junto al otro
tanto tiempo.

El día que deje de caer así la lluvia,
miraremos, una a una, las flores del parque
de la esquina,
invitaremos a café al portero de la finca,
separaremos una vez  más los yogures
por colores.

El día que deje de caer así la lluvia
compraremos una botella del vino
que tanto nos gustaba
y tardaremos media hora en decidir
por qué brindamos.

El día que deje de caer así la lluvia,
será la derrota de todo lo que fuimos,,
el final de la esperanza, tal y como, tú y yo,
la inventamos,
la tristeza generacional ganará las elecciones.

El día que deje de caer así la lluvia,
si no nos ha mojado mucho,
podemos ir juntos de la mano al paraíso.

lunes, 29 de diciembre de 2014

El dolor corporal

Ya te he perdonado todo,
ahora,
perdónate tú.


lunes, 20 de octubre de 2014

La posibilidad.

Quizá aceptar el miedo
a lo desconocido
sea  simplemente
reconocer que nos queremos.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Homenaje a Olga Orozco

No me dejes entonces nunca a solas con mi desconocida:
no me dejes conmigo.


Yo que lo hice ya una vez,
te puedo enseñar a caminar sobre cristales rotos,
acariciarte con heridas en las manos,
o acaso decirte cuánto ocupa la palabra ausencia.

domingo, 3 de agosto de 2014

canciones antiguas

Todo empezará a ir bien
por supuesto que sí
cuando comprendas la importancia
de la palabra "equilibrio".

lunes, 21 de abril de 2014

Los dolores de otro

Me despierto en una habitación que no es la mía. No es mi cama. Las sábanas no huelen a mí.
Por màs que me restriego no me raspan las heridas. No me pierdo en su anchura porque no la tiene. Es lo que me gusta de ella. La pequeñez me protege el alma. Últimamente pesa demasiado. Siempre ha pesado. Me despierto con dolores que no son míos. Los 50 mg de las pastillas blancas han adormecido mis riñones, espalda y ovarios. Pero me duelen mucho las últimas palabras oídas esta noche. Como las uñas de los gatos arañando la piel. Como el fuego en las manos. Como la falta de aire. Como cuando ella se fue. Como todo lo que me duele así. Me despierto en una habitación que no es la mía. No es mi cama. Las sábanas no huelen a mí. Por más que me restriego no me raspan las heridas. No me pierdo en su anchura porque no la tiene. Por eso he venido a esta cama. Por donde está. Para no perderme más. A pesar de los dolores de una que  impedían mirar de frente al sol de estos últimos días. La ceguera  vital que comparto con un amigo que ama la literatura más que a sí mismo pero que no quiere saberlo. Por eso he venido a esta cama hoy. Para encontrarme.
Eso es lo quiero. Usar por fin la palabra encontrar. Lo he encontrado. Entre miradas. Me despierto en una habitación que no es la mía y veo de frente un diccionario de la lengua. La lengua en pedazos. El alma en pedazos. El libro de Clarice que me hace pedazos. La poesía  de Alejandra que tengo grabada en el móvil que me hace pedazos. La profunda tristeza que una vez comprendí en ti que me hace pedazos. La sutil diferencia de mi tela de araña que me hace pedazos. La vida que has vivido que me ha hecho pedazos. Tu amor que me encontré cuando todo venía de estar en pedazos. Recoger los pedazos. Morir en pedazos. Amar a pedazos. Dormir hecha pedazos en cama ajena. No es mi cama. Pero es donde hoy quería dormir.

miércoles, 9 de abril de 2014

Right when the soul breaks

                       "Hubo momentos en que no sólo me olvidé de mí, 
                                                           sino también de lo que soy." 

                                                                              Samuel Beckett.

Las llaves.
Tu mano.


Las llaves en tu mano.


Las llaves.
Mi mano.

Las llaves en mi mano.

Las llaves.
En mi mano.






sábado, 22 de marzo de 2014

Antes de hacerlo había que pensarlo también




Hay quien dice que comprende ahora
por fin, las cosas,
porque se atrevió a escuchar
de qué estaban hechas.
Y que ha quedado todo tan claro
que por unos días la vida ha perdido
el color de la mañana y de la tarde.

Son los que aseguran que
a veces uno puede ya nacer mayor
y por eso crecer tanto.

Desde luego, si tuviera
que tomar partido
diría que no podemos olvidar
a aquellos que solo crecen cuando
se comen a alguien por el camino
y ni si quiera lo van pagando a plazos.


Esos son, a mi juicio, los verdaderos
causantes de esta crisis.



sábado, 22 de febrero de 2014

Don Antonio







" Hoy era siempre todavía, hasta ayer.






                                                                                                      

                                                                                            Y ya no tuvimos un mañana".

jueves, 13 de febrero de 2014

Música para camaleones

Primer movimiento


 El ruido ensordecedor no aplaca mi sed,
no deja vacío mi hueco de ti,
hace tiempo que ya no aporta nada.

La luz difuminada me lanza hacia la otra luz,
el elixir de la eterna juventud
frente a la irreparable concepción
de qué es la vida.

Un golpe en mi corazón,
como si fuera de juguete
me regalas.
Apenas te importa.

Hoy está todo oscuro,
ya lo estaba desde ayer,
porque con mirarme me hieres
pero com verme no me salvarías.

Quiero gritar,
arrojarme para sentir y destruir tu fuego,
morirme de sed,
para que,
otra vez,
no se abra la grieta,
tal y como estoy,
por culpa del después,
de la luz de tus ojos,
del miedo a la soledad que ha perdido
hasta su nombre.



Movimiento número dos


Escribir de manera compulsiva
me facilita el dejar de pensar en ti.
O no.
En cómo llegar hasta el domingo,
habiendo soportado el martes,
y no querer morir en sábado
para poder decirle el lunes
a infinito que así como quiero.


Movimiento número tres

Se rompió,
no sé cuándo,
pero lo hizo.
Y ahora ya,
sólo me queda la tristeza
de comprobar que nunca
ha sido mío.


Movimiento número cuatro

Cómo es posible
-explicame tú que puedes-
que cuando suena la música
queda todo fundido en negro
si miro hacia dentro.
Será que solo hay hueco
y eso asusta.


Movimiento número cinco

El dolor persiste
aún
entre tanta belleza.
Quiero romper la jaula,
guardar uno a uno los pedazos,
y morir para poder resucitar sin ti.

Movimiento número seis

Sal y no dejes
ni siquiera los despojos
de aquello que tanto echas de menos
pero que nunca fuimos.

Movimiento número siete

No, por favor,
más,
otra vez,
no.

Movimiento número ocho.


Por fin me concentro en el aplauso,
Te fuiste y
respiré.


Hoy no era el día.




lunes, 3 de febrero de 2014

Contención


                                            En solo un minuto nos diremos adiós...

                                            Y luego nunca más nos volveremos a ver.
                                            Esto ocurrirá en tan solo otro minuto. 

                                                                                  Kenneth Rexroth




A todo el mundo le dicen que
cuando el dolor tiene un nombre
duele más, pero dura menos.

Que los días fríos, si miras a través 
de las ventanas,
las voces quedan atrapadas
y escondidas.

Hoy está pasando todo muy lento,
me ha dado tiempo a construir una pértiga
y saltaré  por los tejado de la ciudad 
anunciando tu marcha  
ahora sí,
para siempre.

Vida y muerte.


Entretanto,
un pequeño rayo de sol
irá deshaciendo todo lo que nos dijimos,
y cuando vuelva,  
si dejo de contener el aliento,
seguro que  habrán desaparecido nuestros
nombres dibujados en todos los cristales.

viernes, 24 de enero de 2014

El truco

Siento la imperiosa necesidad de tirarme
al río,
tragar y tragar  agua,
sudar
limpiar, romper la soga,
despertar.


Como un cuadro de Magritte,
sobre el vacío queda tu palabra.
Sobre la luz, la tierra,
del corazón
memoria.

Los restos de la explosión
caen sobre nosotros.

Todo brilla.

Y nadie pierde la vista.

El fin,
el ruido,
tu falta de sensibilidad,
mi derrota.

lunes, 20 de enero de 2014

Tú.

Lo soñé.
Fin.

martes, 10 de diciembre de 2013

La noche crucial

"Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque". 
                                    Federico García Lorca.




Ardo por dentro y al saciar mi sed
vomito el líquido ingerido
de manera inmediata,
demasiado puro,
demasiado limpio,
demasiado.

Contemplo a una niña que flota
a dos palmos del suelo,
su cara tersa y pálida,
como esperando que caiga la lágrima
que la mantiene sujeta al mundo.

Quiero saber de ti
comprender el silencio de mil páginas
el parpardeo de la luz roja
cuánto y por qué pesa tanto tu nombre.

Sufro la pérdida de mi ser
cuando pienso en que mi avance no es
sino el retroceso que tanto me temía,
y prendo la llama que apagaste,
para volver a ser la sed,
y comprender que sólo
mirando fijamente un vaso vacío,
acepto mi  necesidad y tu derrota.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Tienes hasta el domingo... ya sabes "pa lo que digo".



      
                                             " No imites, haz lo que te salga del corazón".




Con cuidado de no ser atropellada al cruzar mal la calle, y con el deslumbramiento que me provoca, siempre que paso por allí, la azulejería de Ruiz de Luna de la fachada, llego a la puerta del teatro y Antonio me ayuda a conseguir la invitación que me espera en la taquilla.
Estoy allí un día en el que he pensado especialmente en el pasado, en los ausentes y la fuerza de las ausencias, y en lo mucho que me hubiera gustado venir con algunos de ellos a despedirme de Raquel Meller.
En el patio de butacas, mi perspectiva es mucho más límpia, mi mirada, menos contaminada. Oigo el pequeño murmullo de los que han apurado hasta el último momento para viajar al primer tercio del siglo XX y, con su presencia, honrar a la Meller, como hoy en todo el país se honra a los muertos.
El domingo se apagará la vela que mantiene viva su memoria en Madrid, porque Hugo Pérez se ha preocupado de mantener la llama activa, de qué manera.
Algo que mientras escribo estas líneas llama poderosamente mi atención es que el patio de butacas está lleno, e inmediatamente asumo que somos un país de finales. Siempre esperamos a que los espectáculos estén a punto de concluir, o a que un artista muera, o a que alguien se retire de escena para mostrar interés, respeto y reconocimiento al trabajo bien hecho, que en ocasiones, supone el trabajo de toda una vida.
Creo que forma parte de la idiosincrasia española, ese orgullo, esa plasta de orgullo patrio que nos hace amar lo ajeno mucho antes que lo propio, sin percatarnos de que la calidad, en muchas ocasiones, de lo segundo, está muy por encima de la de lo primero.
Lo acepto, pero no puedo comprender cómo la gente no ha reaccionado a tiempo con este trabajo tan completo, y sí con alguna que otra nefasta producción, sólo porque en ella participa el conocido rostro de turno.
MadriZ necesita un buen bofetón, y sus gentes necesitan un poquito más de respeto en las programaciones culturales. Queda demostrado que, cuando al público se le ofrece dicho respeto y exquisitez en el trabajo,  responde con creces y agradece la muestra de cariño y posibilidad de enriquecimiento por medio de la cultura.

"Por los ojos de Raquel Meller" concluye su parada en Madrid, y no se queda más tiempo, porque la intelectualidad, la responsabilidad artística y laboral, el trabajo duro,  el ingenio  y el homenaje al folclore español y a la fortaleza de los artistas para luchar por su sueño con su trabajo, y no con la venta de sus vidas y las vidas de los que con ellos coexisten, NO ES RENTABLE en un país donde  el Ser siempre ha sido el vecino de la portería del PARECER.
El domingo es el día en el que, la última oportunidad para comprender, por los ojos de Raquel Meller, lo que pasa en nuestras vidas de hoy, estará a tiro de piedra de la Puerta del Sol, donde es imprescindible que empiece una revolución con fuego y piedras, en la que España reaccione de una vez y comprenda que todo arde si le aplicas la chispa adecuada, y que el respeto por nosotros mismos y lo que somos, se puede recuperar mirándonos en el espejo, aceptando lo que fuimos y seremos, dejandonos  de tonterías, y luchando por lo que nosotros queremos, no por lo que otros dicen que necesitamos.
La cultura puede ayudar mucho a conseguirlo, pero señores, todos tenemos que poner de nuestra parte, porque de nada sirve que nos traigan la luz a la puerta de casa, si no nos molestamos en abrir la puerta y ver.

lunes, 28 de octubre de 2013

El grado de belleza que podemos soportar.

                        "Nadie es quien es
                  si sus otros no están".
                           Angel Guinda.




Cómo vivir cuando despiertan dentro de ti
las ausencias cotidianas,
o sobrellevar el miedo a volver a ser
allá donde casi pierdes la vista y
se te desfigura el rostro.

Las calles siguen siendo rectas, sucias,
conocidas,
sus nombres continúan siendo propios,
horas, días,
ganancias y pérdidas.

Has asumido tu victoria
con recelo,
en un país donde ya no se sabe si
ir y venir no son sino sinónimos
de adiós y para siempre.

Perdiendo el lenguaje y su función
en la misma esquina donde un día
la lengua de los hombres te hizo hablar
más de la cuenta,
y la daga rasgó tus vestiduras
llevándote de la mano al túnel de salida,
eso,
o dejarte la vida.

Así pues, el grado de belleza
que podemos soportar
es equiparable a cuanto miedo
de nosotros mismos podamos vencer
y de cuántas equivocaciones aprendamos
a seguir viviendo.


miércoles, 2 de octubre de 2013

El escudo frágil contra el alud

Se agotó el tiempo en el que las costuras del dolor
estaban en contacto con la piel.
Se agotó mi tiempo y el suyo.
Ha llegado la hora de la sinceridad extrema
del llanto por el pájaro escapado de la jaula
de tocamientos ajenos al placer

Debo decir adiós.

Arrojar todo al vacío.

LLenar la copa
y escupir tu nombre.

Dejar que me dejes marchar
y romper las telarañas.

Ha llegado la hora de
disolver el imperativo de tu búsqueda
del acercamiento otra vez a mi derrota.

Susurra el aire
que la belleza perfecta es aquella
que se puede respirar una vez muerto

perdido

aceptado

reconocido

todo lo que nunca existió
por mucho que te empeñes.