martes, 22 de noviembre de 2011

Reseña de " Una novela francesa".


Título: Una novela francesa
Autor: Frédéric Beigbeder
Traducción: Francesc Rovira
Editorial: Anagrama
Págs: 224
Precio: 18,50 €

Cuando a una el destino le pone entre las manos un libro como el de Beigbeder no puede
menos que dar gracias al dios de las letras, que siempre me pone en evidencia conmigo
misma.
La lectura de este libro es una clase magistral sobre los juegos de la memoria y nuestra
incapacidad para ver nuestros errores como propios y no como de todos los demás.
Este es un libro cartográfico, un mapa de sentimientos y emociones que todos alguna vez
hemos tenido.
No estoy segura, y tras leer este libro menos, de que mis recuerdos de infancia sean tales, y
no invenciones mías que decoran la realidad o la tapan con telas de colores. Temo que sea
así.
Yo no he necesitado que me metan en la cárcel, como al autor del libro, para poner mis
recuerdos en orden así como mis ideas sobre el presente y de cara al futuro. No he pasado
por el divorcio de unos padres, ni por el encumbramiento de un hermano justo cuando yo
peor lo estaba pasando. Pero sé lo que significa que las cosas no vayan como esperabas, que
los caminos que tú recordabas seguros estén rodeados de arenas movedizas.
Con la lectura de este libro echamos la vista atrás también en nuestras vidas, como el autor,
y no nos va a gustar lo que vayamos descubriendo. Porque la honestidad es siempre la
mejor compañera para con los demás, pero cuánto nos cuesta emplearla en nosotros
mismos.
La naturaleza humana es así, derrochadora de imaginación cuando se trata de ponerse ella
misma en orden. Da igual proceder de una familia pobre o rica, tener un empleo estable o
no, ser una persona liberal o seguir empeñado en quitar la libertad a otros, de nada sirve
cuando la vida se sienta frente a ti en una celda fría y oscura y te dice que ha llegado el
momento de rendirte cuentas a ti mismo, que como sé por propia experiencia, es mucho
más difícil que rendírselas a otro.
Porque a pesar de vivir en una sociedad que nos protege de nosotros mismos a base de
leyes, órdenes, decretos, prohibiciones y sistemas judiciales que ni son sistemas ni en
ocasiones juzgan, el ser humano necesita saber cómo es. Por eso desde pequeño se salta las
normas, las acata según le convenga, inventa una vida y destruye la que ya tiene.
Necesita comprender cómo ha llegado a donde está. Y para ello, nuestro autor repasa, y uso
repasa en el sentido de que no dejara títere con cabeza, la Francia de hoy retrocediendo para
ello a su infancia entre algodones, en dos familias adineradas, con viajes y atenciones
dignas de un niño bien, como él mismo se define en esta novela autobiográfica y
demoledora.
Somos lo que siempre hemos sido, y ya desde pequeños estamos llamados a la suerte o la
desgracia, todo depende de los recuerdos que elijamos como reales, de las acciones que
neguemos haber realizado y de cómo nos enfrentemos a nosotros mismos cuando sea
necesario.
Porque "es difícil reponerse de una infancia infeliz, pero puede resultar imposible
reponerse de una infancia protegida". Así que lo único que no debemos olvidar, a pesar de
los errores que tengamos apuntados en la lista de "pendientes de cometer", es el amor, en
cualquier acepción de la palabra, porque "es un electrochoque que resucita el recuerdo".
Eso es lo único que puede salvarnos, aquí no hay ley que valga, ni condena ejemplarizante,
lo único que tenemos que aceptar es la frase de Wilde, aquella sentencia que decía que es
imposible volver buenas a las personas por decreto parlamentario.
Porque con cerrar los ojos a lo real no basta, nuestros recuerdos no se borrarán con nuestra
intención de dejar de tenerlos en la memoria.
Valiente propuesta la que nos ha hecho Frédéric Beigbeder con esta novela de su vida,
soez, en unas ocasiones, lírica en otras, con algunas páginas de esas que formarían un libro
maravilloso junto a las de otros tantos libros. Un libro que cierra mentiras y que abre otras
nuevas, pero esta vez, bajo la batuta de la conciencia humana. Estrepitosamente doloroso
cuando nos hace ver que todos somos protagonistas de una novela, que la literatura es
ficción, que en ocasiones preferiríamos vivir la vida según los capítulos de nuestros libros
más amados, que sobre todas las cosas, la literatura y los libros son la única manera de
hablar a aquellos que somos incapaces de hablar. Por cierto, esta última frase, también la
podéis leer, más o menos, en este libro de vida.
Elvira Ramos

jueves, 17 de noviembre de 2011


Título: Las experiencias del deseo. Eros y misos
Autor: Jesús Ferrero
Editorial: Anagrama
Págs: 224
Precio: 17 €

Decía Luis Cernuda en Los placeres prohibidos: "No decía palabras, acercaba tan sólo un
cuerpo interrogante, porque ignoraba que el deseo es una pregunta, cuya respuesta no
existe, una hora cuya rama no existe, un mundo cuyo cielo no existe".
La primera vez que supe que el deseo era objeto de estudio filosófico fue en una clase de la
facultad, cuando Deleuze y Guattari llegaron a mi en forma de rizoma y me llenaron la
cabeza de ideas provocadoramente excitantes. Ahí supe que el deseo es algo igual para
todos, pero que lo que nos diferencia es lo que hemos seleccionado como objeto deseado.
Los conceptos de la disciplina son extraños, por lo menos a mí me lo parecen en muchas
ocasiones, y consiguen disuadir mi curiosidad cuando no encuentro una explicación
aceptable.
De hecho, la misma filosofía de Deleuze es un claro ejemplo de lo que significa dejar
perplejo a quien te lee.
A veces la filosofía y determinados conceptos pueden parecer escritos en lenguas
extranjeras, pero si están explicados por artistas de la palabra, como es Jesús Ferrero, todo
queda en un placer más, en un objeto de deseo más, en un libro más, como este que te llena
de experiencias de alto voltaje porque se acerca a lo más íntimo de cada uno de nosotros,
aquello que más deseamos, comprender lo que somos, sí, lo que somos, porque si
entendemos eso, sabremos quienes llegaremos a ser.
El deseo forma parte de nuestra vida, una vida que es, exactamente la vorágine en la que
estamos metidos, un flujo, una corriente; no es más que el inevitable deseo de seguir hacia
adelante.
Nuestro deseo es inmanente, es a la vez valentía y miedo, es vida y muerte. Es lo que nos
mantiene alerta de nosotros mismos, lo que nos puede hacer ver lo que realmente somos,
justo, es aquello que nos hace aprisionarnos a la vida sin más remedio. El único límite del
deseo es el deseo mismo.
El deseo al que nos abrazamos en este libro es el mismo ser humano. Sus miserias y luces,
el todo y la nada, supone querer lo inalcanzable de manera imposible y a pesar de ello
existir. Es saber que convive con nosotros y que tenemos una mínima posibilidad de
vencerlo, y precisamente eso le da aún más fuerza, consigue aún, que lo deseemos más.
Pero no podemos pensar que el deseo en sí mismo es algo puro, no es así. Se trata de una
fantasía literaria construida por nosotros mismos al mencionarlo.
Porque todo lo que escribimos, todo lo que deseamos, lo hacemos para eso, para existir
aunque sea por un segundo, en alguna parte, aún si para existir nos tienen que escribir.
¿Es posible que una palabra represente nuestro deseo más profundo? Si nos remitimos a
Vernant, sí: la creación de un vocabulario de deseo es solidaria a la idea de sujeto humano
como agente de las acciones de las que se responsabiliza.
Es posible que nuestra vida gire en torno a encontrar una adecuada representación del
deseo, como ya lo hacía Platón como, más cercano a nosotros, lo hizo Lacan en Los cuatro
conceptos fundamentales del psicoanálisis
, cuando nos hace ver que, en el momento en el
que escogemos la palabra "désir ", nos estamos remitiendo a una mezcla de las teorías de
Freud y Hegel.
Es muy probable que nuestros deseos, más allá de Eros y Misos, sea una mezcla de nuestra
incapacidad para ser sinceros con lo que somos. Como decía Derrida, "el pensamiento es un
alma cuyo cuerpo es la lengua" y eso nos lleva a pensar que el deseo es el lenguaje en sí
mismo. Según eso, cuando aprendemos a desear, alteramos nuestras percepciones para que
todo lo que deseamos se parezca lo más posible a aquello que finalmente obtenemos,
porque la relación entre el deseo y la alteralidad nos traslada a infinidad de definiciones
relacionadas con el rizoma de Deleuze, aquel en el que nos introducimos sin apenas darnos
cuenta, cuando por fin, asumimos lo que estamos deseando, que no es otra cosa que a
nosotros mismos.
Pero a veces no es suficiente con saber qué deseamos, sino que necesitamos una imagen de
nuestro deseo. Eso es lo que nos ayuda a hacer Jesús Ferrero, esas son las experiencias que
nos llevan al lugar en el que mejor nos movemos, aquel donde más libertad encontramos,
pero poco a poco, porque hasta que no terminamos el libro, no entendemos la palabra. Al
fin y al cabo, como decía otro de los maestros de nuestro autor, no todos los días se puede
encontrar lo que está hecho para darnos la imagen de lo que deseamos.
Elvira Ramos

viernes, 11 de noviembre de 2011

Monamour


Quiero hacer el amor contigo
al calor del fuego
de la chimenea
en una buhardilla de París,
aunque mirar el cielo de Madrid,
quizá también me vale.

Quiero hacer el amor contigo
escuchando el Bolero de Ravel
y fumar después del mismo cigarro
y que te pongas mi camisa

Que cuando nos entre hambre
más todavía
y bajemos a comprar
a la tienda de la esquina
los vecinos nos aplaudan en el portal
y tengamos que volver
a repetirlo.

Quiero hacer el amor contigo
cuando tú quieras.

Pero no me llames al móvil
hay días que no soy yo
quien responde
y lo mismo
lo mismo
te enfadas
y tengo que buscar un
secundario.

jueves, 10 de noviembre de 2011

RESEÑA DE " TINTA".


Título: Tinta
Autor: Fernando Trías de Bes
Editorial: Seix Barral
Págs: 160
Precio: 16 € / 10,99 € (Ebook)

La primera vez que me acerqué a Confesiones, lo hice de mala gana. No encontraba, a primera vista, nada que me impulsara a leer a San Agustín, sino más bien lo contrario.
Un amigo me dijo una vez que la ignorancia es gratuita y cierto es, y con el tiempo releí las Confesiones y encontré el motivo, ese mismo motivo que desde que enfermé de libros he ido encontrando casi en todos ellos.
Fue en Milán, si mis conocimientos de historia no me fallan, casi en el siglo V, cuando San Agustín se encontró con el Obispo Ambrosio justo en el momento en el que el arte escrito se creaba como hecho artístico y cuando la palabra escrita adquirió preeminencia en relación a la palabra hablada.
En Confesiones podemos encontrar la frase siguiente: “Cuando Ambrosio leía,
sus ojos recorrían las páginas, y su corazón penetraba el sentido, sin decir palabra ni mover su lengua. Muchas veces –pues a nadie se le prohibía entrar ni había costumbre de avisarle quién venía– le vimos leer calladamente y nunca de otro modo, y estando largo rato sentado en silencio, me largaba, conjeturando que aquel poco tiempo que se concedía para reparar su espíritu, libre del tumulto de los negocios ajenos, no quería se lo ocupasen en otra cosa, leyendo mentalmente, quizá por si alguno de los oyentes, atento a la lectura,hallara algún pasaje oscuro en el autor que leía y exigiese se lo explicara”
.
Sabemos que la manera de preservar la palabra escrita ha ido evolucionando con el paso del tiempo, de las tabletas de arcilla o pizarra, a la madera, la cerámica y los rollos de papiro.
Sin embargo, no sería hasta el primer milenio cuando se empezara a utilizar el códice y el pergamino. Más adelante, en China se inventaría el papel que una vez en el mundo árabe y en Occidente, sería la base de la producción de libros que inició Gutenberg en el siglo XV.
La escritura perdura en las palabras y estas en nuestros corazones. Podríamos decir que las palabras que escribimos son las que nos hacen seguir vivos.
Todos hemos oído alguna vez la manida frase que evoca al viento como un ladrón de palabras, pero no creo que sea así.
Me gusta pensar que el viento lo que hace es que las palabras que nosotros no necesitamos las lleva a otros lugares donde alguien aún no ha encontrado la manera de decirle a otro alguien un “te quiero”. Las palabras son nuestros motivos. Como lo son para los protagonistas de Tinta, esta novela hermosa que se lee con pesadez en el alma a medida que uno se da cuenta de que las páginas que tienes en la mano derecha cada vez son menos en comparación con las que han quedado en el lado izquierdo.
Y vas guardando las palabras en el alma, y buscando, como ahora dónde esconderlas.
En Tinta, encontramos las palabras, deliciosa y literariamente ensambladas para que la historia empiece y termine con una perfección de diccionario, es una obra de arte y como tal tiene esa capacidad de no dejar indiferente a nadie de los que la hayamos leído.
En su novela, Fernando Trías de Bes actúa como intermediario entre un librero, un
matemático, un impresor, un editor y un corrector para que todos ellos compartan su
angustia existencial, la misma que les ha llevado a publicar el LIBRO. Un libro, escrito en mayúsculas.Será el azar, el que siempre consigue las mejores cosas, el que aporte su granito de arena, para que todas las sinrazones de nuestros protagonistas pasen a un segundo plano, si te tiene un motivo entre manos.
No creo que sea nada fácil conseguir que una historia sencilla, narrada casi como un
cuento, contenga un artefacto artístico perfecto que permita que el lector llegue al nivel de lectura que más desee o para el que cada uno esté preparado. Esto es lo bueno que tiene Tinta, que establece un vínculo con el lector que ambos necesitan para seguir existiendo,
porque sin ellos la máquina literaria no existiría.
En teoría literaria lo primero que se defiende es que el significado de una obra literaria depende tanto del que la ha escrito como del que la lee, y lo que hace Fernando Trías es regalarnos un cuento como Tinta, para que todos podamos comprender esta idea. Este es el poder asombroso de la literatura, por esto leo y por esto me dedico a ella. Porque siempre he encontrado en los libros aquello que necesitaba encontrar, siempre he sabido lo que me querían decir, y sobre todo, siempre he encontrado las razones para seguir queriendo que las palabras sean mi razón de vida.
Elvira Ramos

sábado, 5 de noviembre de 2011

Cinexin




Cuando no sabía hacia dónde mirar
"Popeye niñera" me guiñó un ojo
y en secreto me dijo
¡ Tienes que comer más espinacas,
tendrás más fuerza para querer!

Al día siguiente,
"Donald y las ardillas"
se quedaron pasmados
cuando nos vieron
hacer el amor
a través de la pantalla.

Voy a probar a hacerlas
con piñones, lo mismo
la próxima vez, duramos más tiempo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La parcela de Dios. Navona Editorial.



Título: La parcela de Dios
Autor: Erskine Caldwell
Traducción: Vicente Campos
Editorial: Navona Editorial
Págs: 248
Precio: 12,50 €





Alguien nos ha jugado una mala pasada. Dios nos puso en cuerpos de animales, pero quiso que nos comportásemos como personas. (…) Cuando uno toma a una mujer o a un hombre e intenta quedárselo sólo para él, no va a encontrar más que problemas y dolor el resto de sus días.”1

Desde que se publicó por vez primera en 1933, "La parcela de Dios", ha sido uno de los libros más leídos y polémicos en Estados Unidos, hasta el punto de que no pasó
la censura y se retiró de librerías por considerarlo inmoral y antisistema, llegando incluso a confiscarse por orden judicial las ediciones hasta entonces publicadas.
Y no es para menos en un país como Estados Unidos.
Hablamos de la historia de una familia sureña durante los años 20, corroída por la
asfixiante sociedad en la que vive. Emparentada directamente con libros
como “Las uvas de la ira", mezcla el lirismo de la literatura sureña con
altas dosis de sensualidad y de humor negro.
El padre considera a Dios un miembro más de su núcleo familiar hasta el punto de que a la hora de repartir las tierras le deja una parte de éstas, de ahí el título de la novela.
Podría definirse con aquella frase en "Las palmeras salvajes" de William Faulkner:
Entre el dolor y la nada, elijo el dolor.” Sin embargo, ni Dios puede evitar que la falta
de ingresos y la destrucción de la cosecha haga que la familia entre de lleno en una
espiral de dolor y traición. Un ciclo que servirá para sacar a la luz las pulsiones
sexuales guardadas durante años por algunos de los protagonistas, y que los inducirán a cometer acciones de dudosa clasificación moral.
Un novela llena de frases memorables como la que introduce estas líneas, que nos
llevan a pensar en lo peor de la condición humana. Cuestionando nuestra moralidad en
condiciones extraordinarias, tanto para bien como para mal, y sobre todo, introduciéndonos en el mundo en el que todos hemos podido estar en alguna ocasión, aquel en el que nuestro lado oscuro está a punto de salir.
El autor lo sabe, y por eso nos da la oportunidad de ver a los personajes con una
naturalidad pasmosa, un realismo tal, libre de juicios, que puede incluso llegar a asustar la sinceridad que muestra a la hora de analizar actitudes como el machismo, el racismo, la injusticia social, y sobre todo la libertada individual vista como “capricho” innegable de todos y cada uno de los protagonistas de la novela.
Circunstancias todas ellas que nos trasladan a una época lejana y cercana sobre todo en actitudes humanas que no han evolucionado tan rápido como ha pasado el tiempo desde
su primera publicación. Los humanos seguimos moviéndonos por el deseo, de hecho,
Aristóteles ya decía que era la única fuerza motriz del ser humano.
Hagamos caso al Estagirita, mantengamos el deseo como único camino hacia nuestra
libertad, pero con cuidado, no olvidemos que la libertad tiene un precio y que todos
tenemos que pagar por ella. Todos.
Para los cinéfilos del cine clásico, las obras de Caldwell: El bastardo ( 1929), El camino del tabaco (1932) y La parcela de Dios ( 1933) fueron llevadas al cine por John Ford y Anthony Mann, guardando una fidelidad asombrosa con la obra original, algo a lo que no estamos acostumbrados, así que os recomiendo encarecidamente que las visionéis , porque no os defraudarán, como no lo hará este libro ni su autor, Erskine Cadwell, del que Ezra Pound dijo que era uno de los cinco mejores narradores de la literatura norteamericana.
1
Erskine Caldwell, La parcela de Dios (God's Little Acre, 1933), 2008, Navona. Pág 241

lunes, 31 de octubre de 2011

p.m.

Esta noche
hemos tenido un sexo salvaje
y por eso
estás tan sofocada.

Ya sabes
hoy en el mismo sitio
a la misma hora.

Si te acuerdas,
te traes eso.

Te espero.

jueves, 27 de octubre de 2011

UN ADÚLTERO AMERICANO. JED MERCURIO. ANAGRAMA


Título: Un adúltero americano

Autor: Jed Mercurio

Traducción: Jaime Zulaika

Editorial: Anagrama

Págs: 368

Precio: 19,50 €



Morbo elevado a la enésima potencia con una dosis de literatura lo suficientemente buena como para continuar leyendo y no parar.

Política, mucha, sexo, del bueno, y secretos, muchos secretos de estado que dejan de serlo solo para ti. Como decía, el morbazo está asegurado. El escritor lo ha hecho muy bien, ha seleccionado un personaje que lleva siendo objeto de análisis desde los años 60, cuya mujer sigue siendo icono de la moda, y cuya familia parece estar metida en un agónico bucle en el que cuando no hay muerte trágica, hay divorcio sonado, o desaparición en las aguas del Atlántico, o enfermedades mortales, o más asesinatos. Así que solo necesitaba saber escribir, y Jed Mercurio lo ha hecho. Ha elegido bien cómo dosificar la información histórica, perfectamente corroborada, con la ficción literaria y mantener las emociones a flor de piel.

Con una prosa espectacularmente adictiva, consigue que nos encontremos debajo de la cama del mismísimo presidente de los Estados Unidos, Jonh.F.Kennedy. Una biografía novelada del hombre que consiguió hacer del sexo adúltero un arte y un asunto de estado que todo el mundo miraba a través de un tupido velo.

Pasó a la historia, y como un personaje histórico ha sido tratado por Mercurio. Era necesario introducir una cantidad de morbo determinada, la justa para no caer en la obscenidad, pero la necesaria para que la política fuera un aliciente más que aumentara la líbido de cualquier lector que se acercara al libro.

Son todos los que están, pero no están todos los que fueron: Marilyn Monroe, Jaqueline Kennedy, Frank Sinatra… un cóctel digno de una lectura atenta e interesante que va aumentando su calidad a medida que vamos avanzando.

No interesa tanto el hecho,el adulterio podría hacerlo cualquiera de los muchos hombres mujeriegos que pensaban que la monogamia era lo último que se tenía que mantener en un matrimonio.

Era el presidente americano, un presidente por encima de cualquier circunstancia.
Pero cuando entraba en cualquier habitación de hotel no era más que una persona altamente sexual cuyo bienestar emocional dependía, exclusivamente,de mantener relaciones sexuales diarias, a poder ser, cada vez con una persona diferente.
Así, Jed Mercurio lo que ha hecho ha sido centrar sus investigaciones y su redacción en los aspectos sexuales de protagonista desde una perspectiva médica, analizando el por qué de la patológica necesidad sexual, que desembocó en un deseo enfermizo, algo que le esclavizaba hasta límites insospechados.
Por supuesto, estos devaneos necesarios eran consentidos, tanto por los estadounidenses como por su mujer, Jaqueline, que hacia oídos sordos a los rumores así como encontraba consuelo en las boutiques más caras de la ciudad.

Es interesante remarcar que el autor ha tenido a bien no establecer en su escritura ningún juicio de valor hacia el presidente, como así lo hizo la opinión pública americana, siendo esto lo que le permitió mantener la doble vida que llevó y que tan bien reflejada ha quedado en este libro.
Sin embargo, me atrevo a contradecir esta reflexión, en tanto en cuanto que es posible que esa doble vida no fuera tal, pues él en ningún momento hizo proclamas morales ni opinó sobre temas relacionados con los comportamientos sociales. Solo era un político, no un fabulador.

¿Separaba su trabajo de su vida, sus acciones de sus impulsos? No podemos dejar de pensar que sus impulsos-deseos,su enfermedad-adicción, debían convivir con sus obligaciones políticas, así que,echemos la vista atrás en nuestras vidas y pensémos: ¿hasta qué punto nuestras adicciones pueden separarse de nuestras obligaciones laborales? Lo más que podemos hacer es aprender a manejarlas, a vivir con ellas, a darles la atención justa que merecen, mantenerlas a raya.

Las adicciones no se pueden superar, pero sí manejar. Y Kennedy era un especialista en manejar situaciones adversas, así lo hizo con su adicción a las mujeres, con sus patológica necesidad de sexo, con sus dolores crónicos de espalda. Circunstancias todas ellas que le estaban deshaciendo por dentro, pero que le mantenía a flote ante el mundo.

Quizá sea que cuanto más destrozados estamos por dentro, más fuerza mostramos por fuera, aunque solo sea por el miedo a que descubran lo frágiles que podemos llegar a ser.
Cuando los heraldos negros se presentan sin avisar.

Elvira Ramos

miércoles, 5 de octubre de 2011

Medianoche en París.

He llegado aquí
y un escalofrío ha recorrido
mi cuerpo y entristecido
mi alma.

En un momento
recordé tu abrazo en aquel
bar abierto al mundo
y he sabido
que no lo recibí por miedo
a que fuera a deshacerme.

Siempre me pasa.
Nunca sé lo que es verdad
si no lo pido
siempre sé lo que es mentira
cuando lo hago.

Así, no dejo de verme
en todas las pinturas que
hoy
como no podía verte a ti
he buscado en los libros
que viajan
como yo
buscando un lugar
en el que estar
sin miedo a equivocarse.

Y llevo más de cuatro horas
pensando en tus palabras
en mis actos
pero no lo sabes hasta
que no lees
y no lo reconozco
hasta que no escribo.

Si pudiera alguna vez
reconocerte mi cordura
sabrías
que no se trata
de huir
sino de no querer quedarse
donde sabemos
que no estamos
todavía.

No te canses de esperar
no me canso de seguir
mirando tus ojos
cuando están lejos

Entonces sí que están
y además conmigo.

Como yo en París
contigo
ahora.

lunes, 3 de octubre de 2011

Mateo

No has llegado
pero noto, querido mío,
que tu desgana de venir
al mundo
es igual de grande
que mi necesidad de comprenderlo.

Yo vuelvo a estar sola
pero me calma saber que
en algún lugar,
alguien como tú,
entiende qué es
eso del amor
aún sin haber nacido.

He escuchado tu corazón
latir al ritmo
de mi nombre.
He sabido que de nada sirve
sentirse poderoso,
llevar sombrero,
fumar después de amar,
leer poesía.

Uno juega,
con todo, a ser
quien no es
para encontrarse.

Mientras,
escribes las líneas
de un guión
sin haberte inventado
una firma
siquiera.

Eres tranquilo,
te sabes feliz,
tus cigarros serán
largos y pausados.

Tus amores sabrán
quien eres,
solo por la serenidad
de tus caricias.

Gritarás cuando salgas
del refugio, sí,
somo he llorado yo al salir
del mío.
Como ría quizás
cuando te vea.

Porque has de saber
que no habrá más paz
que la compres,
ni más guerra
que la des,
ni más amor del que
he guardado para ti
desde que compartimos emociones.

Ni más ganas de decirte
que la vida no es
lo que aquí encuentres.
La vida, es lo que dejas
cuando tengas,
como yo ahora,
que marcharte.


Esa será una
de tus pocas decisiones.

Huye.

domingo, 2 de octubre de 2011

Daria lo que fuera

Quédate conmigo
Aún hay tiempo.


Nueva York
Londres
París.


Llama a ese taxi.
O me voy
o te pierdo.

Siento.

sábado, 1 de octubre de 2011

Maria Moliner

Autodestrucción: 1. f. Destrucción de sí mismo.


Me dices con ojos envueltos
en lágrimas invisibles
que la autodestrucción y tú
sois sujeto y predicado.
A veces.

Escucha, escuchame.

Nunca imaginé que la mía
me trajera a ti,
desde la primera escena.
A ti,
que te jactas de ser
la que decide si rompe o arregla
el cierre de esa maleta
que cuelga al cuello de cualquiera
que sepa
que las lágrimas que más cuesta beber
no son las que tienen sabor a despedida.
He sido feliz
de ser feliz contigo.
Me has devuelto la emoción
por algo que creía ya olvidado
la palabra.

Y te he querido
sin poder
siquiera.

No es contigo
ni sin ti,
no seré nadie sino tú
con algunos años menos
buscando otra acepción a la palabra
sonriendo
sorbiendome las lágrimas
que más cuesta beber
que son las que llores
cuando como yo
veas que estás dentro de esa maleta
que sigues dando vueltas en la cinta de equipajes
que con que te muevas un poquito
te salvo de quedar en objetos perdidos,

Que me des un beso
que me salvas

Mi diccionario tiene una hoja menos
desde que eres mi para siempre.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La niña bonita

Es martes, lo sé,
me lo has dejado claro
al follarme esta mañana.

He guardado tu olor
en frasco pequeño,
hasta el martes que viene
no volverás a mi cama,
me lo has dejado claro.

Depués,he venido al bar de siempre
el que tira poemas como te tiras
tú a la vecina del 2º izquierda,
los martes.
He contado exáctamente 65 botellas
las que no he abierto hoy.
Lo he superado, por fin.
12 meses y 65 días después
me quiero tanto como
para hacer un 69 contigo
y la botella de ginebra.
Eres mi ángel, soy tu demonio.
Por eso has llorado hoy.
Por eso, si quieres
te pido un Sex on the beach
y te quiero con locura
Si quieres,
te quiero.

martes, 27 de septiembre de 2011

Martes

" Pero después de todo, no sabemos
si las cosas no son mejor así,
escasas a propósito... Quizá,
quizá tienen razón los días laborables.
Tú y yo en este lugar, en esta zona
de luz apenas, entre la oficina
y la noche que viene, no sabemos.
O quizá, simplemente, estamos fatigados."
.

Lunes. Jaime Gil de Biedma.


Martes.

a los que huimos.

Me dicen de repente
que no todos los humanos son iguales
que los hay que lloran por las esquinas
cuando ven una flor roja.
Tiene que ser roja.

Tus lágrimas de acero
llenas de perdones mal curados
me hacen saber lo mucho
que necesitas que te quieran
hoy,
Y que a veces se te olvida,
ayer,
y qué tú eso ya lo sabes,
mañana.

Y también a veces,
tú haces el silencio
y yo
me quedo sin voz.


Pero es tan fácil el olvido
cuando éste vive pensando en una huida...

¿Sabes?, voy a dejar de fumar a tu salud
a tu presencia, a tu sonrisa.
Sólo a tu pregunta.
Una de tantas que me hielan el alma
casi tanto como cuando te veo llorar
en las esquinas de flores rojas,
por qué tienen que ser rojas,
o detrás de una mesa de despacho
porque ese día olvidaste mirar las dos caras
del espejo.
Porque dos días a la semana
lo olvidas.

A veces, tengo por ti,
de lunes a domingo,
un amor de esos de locura
sin saber por qué, porque
desde el primer día,
soltaste una lágrima ante mí
que limpió toda la tristeza que traía
mi alma sucia de cada hora
de cada día.

Y sin embargo recordé
que el hecho de estar vivo
exige llanto,
y palabras,
aún no dichas.
Pensadas.
Huidizas
Amadas.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Fragmentos: Septiembre

No está siendo un mes
de amor
más bien de sudores fríos
y coitos no terminados.
Es como si me hubieran cortado
con traición un miembro de mi cuerpo
que apenas duele.

Y aunque la sangre no te llega
la veo fluir y la huelo
con tantas ganas como me olias tú
gamberro,
cuando me ponía unas gotas de
Jean Paul Gaultier
solo para hacerte sudar frío
como yo ahora.

No me ha gustado nada
cómo has mostrado tu poder
calculador,
porque has llenado mi alma
de acontecimientos, reveses
contrariedades

y ha sido el azar
quien ha intrigado contra mi
y me ha dado la última oportunidad
de escribir un poema de amor
en la ciudad que ya no me ama.

No me mires así
como si esto fuera para siempre
he encontrado cerca de la catedral
una tienda donde nos venden el perfume
con un porcentaje alto de descuento
y lo he comprado.
Quiero guardar tu olor
y conservarlo en mi corazón
como he conservado mi deseo
todo este tiempo
con la única intención de abismarme
en esta herida de felicidad
que me llevo en la maleta.


Ven, deja que vea esa herida
yo te la curo
no te la toques,
y cuando vuelva
la cicatriz será tan pequeña
que apenas notaremos que he estado ausente
y volveré a la calma tierna de tus brazos
con ese afán prorrogrado en el tiempo
en el que las huidas, solo son
con un billete abierto de regreso.

lunes, 12 de septiembre de 2011

El arte como artificio

Alma felice che sovente torni…

Petrarca, Soneto XIV



Ay!

Y otra vez

¡Ay!


Voy a desautomatizar
lo que siento por ti,
y de alguna manera
el artificio en el que
se ha transformado mi amor
se convertirá en
la historia
jamás contada
en un libro ilustrado.


Y comeremos perdices
mientras tú
te sigues tirando al carnicero.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Departamento: ventana

"Alimentando
Un espacio
Que se cierra
."

C.Bukowski


Me ha pasado lo mismo que a ti
oteando
he encontrado mi lugar
entre apenas unos matorrales
al lado del dolor rumiante
del motor de un coche
entre sol y sol
chirona.

Me ha pasado lo mismo que a ti
un picor repentino
en el alma
me ha despertado de la siesta
pero la fuerza de mi boca
no es la fuerza de tu boca
y cuándo me he dado cuenta
cuando he querido gritar tu nombre
desconocido
para que no te atropellaran
cuando el dolor de mis piernas
era tal
que el color rojo de mi camisa
también lo era
y he recordado el tiempo
tanto de golpe
que he pasado hoy aquí
esperando.

Hemos debido cruzarnos
por el camino
Me ha pasado lo mismo que a ti
pero tú eres un perro callejero
y sabes esquivar
yo
también soy algo perra
pero de las que se lanzan
contra el coche.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Aloe vera

Ya está
lo peor de las decisiones tomadas
es el lugar en el que se ha firmado
la sentencia.

Cuando los amigos te recuerdan
los presentes a punto de caramelo
que no son los futuros que tú piensas
sino los que sientes.

No hace falta tenerte siempre
en postal pegada a la pared,
las cosas extraordinarias tienen vida propia
y tú te escribes sola cada día.

Es que no hace falta
pero te quiero.

Ahora ya no importan
los años que tengamos
los egos encogidos
ni el olor de las flores

Ahora ya no importan
las lágrimas de fiebre
derramadas en café barato
pero rico.

Es tarde si se trata
de ir a correos a certificar mi muerte
es tarde para todos los que se saben
condenados a un amor de rebajas
de último día de Agosto,
si lo que quiero es ordenar
los tres actos de un guión
escrito en Braille,
sigue siendo tan tarde...

Y aún tenemos algunas construcciones
en vilo de ausencias,
son trampas para hoy
y hambre de mañanas
tardías en la Alhambra.

Porque bajo este disfraz
de dedo en la llaga
de a diario,
se sigue escondiendo
en tu boca
algo que quema
como el hielo .

A pesar de tanto, nos sabemos aún
buscando nombre con las manos ciegas
de tanto escribir sin acuse de recibo,
a esto que se va con el mismo sigilo
con el que se van borrando los instantes
que llegan.


Pero el cartero siempre llama dos veces.
Y yo no quiero que eso se te olvide.


martes, 30 de agosto de 2011

Ante la necesidad de sentirnos rezagados.

Es ahora cuando han vuelto los fantasmas
ahora cuando todo huele a ti
ahora
cuando tengo la certeza de que
no me importa lo que pase.
Ha llegado.
El vino no me ha sabido como antes
tus fotos ya no son como ayer
y esta noche
¡por Dios!,
esta noche he mirado a través
de los cristales y he recordado
la hora exacta
en la que nuestras miradas se cruzaron
que hemos coqueteado por el camino
y hasta que fué bonito mientras duró.
Pero ahora,
ahora que se acaba este verano interminable
que las tormentas llegan
con Septiembre
buscando su lugar,
reconozco que no te he dicho
nunca a la cara lo que pienso.
Y no me queda más tiempo
que el que tarde en ponerse dura
la hoja del calendario marcada con tu nombre,
porque no hay más palabras que las de la última cena
ni más camino que los que aún no hemos andado.
Porque se está difuminando
hasta el más amor
que el que una vez senti tener por ti
aunque solo fuera durante ese instante
el que te ví llorar
aquella tarde gris de Enero
en la que el mundo se paró
cuando vi
que te había imaginado

viernes, 26 de agosto de 2011

Arrival

He vuelto a pasar por
aquella calle
en la que me encontraste
ese día
y apenas han cambiado
los andamios de sitio,

quería que lo supieras.

y como aquel día
algo me ha hecho girar
bruscamente la cabeza
y por un instante he pensado
que eras tú.

Un instante
en el que el humo del cigarro
que iba fumando
se ha detenido en mi garganta
y me ha recordado
el sabor que tienen las palabras
el olor de tu sonrisa
el tacto de una ausencia.

He cruzado con el semáforo en rojo
y cuando he llegado al otro lado
he mirado el calendario
y he sabido
que con esperar un día más
volveríamos a hablar de amor
a la una en punto
con la botella ya vacía
el libro aún cerrado
y sintiéndonos
siempre
un par de desconocidos
que con sigilo se miran
a la cara
y se saben
destinados
a tener que recordarse.
.